
Garrotxí de Les Preses, nuestro protagonista de hoy tiene las ideas muy claras. De hecho, ya se las tenía de pequeño. Con sólo 9 años ya ayudaba en una granja de la comarca y, aún en edad escolar, visualizaba así su futuro: ‘Quiero ser campesino’. Esto le respondió a su profesora el día que ésta pidió a sus alumnos qué querían ser de mayores. Recuerda muy bien ese momento, como los compañeros de clase se echaron a reír, sorprendidos, al escuchar esa respuesta. Pasaron los años y ese deseo tomó forma: estudios de agraria, formación profesional y primeros años de experiencia en una granja. Hoy, a sus 47 años, casado y con una hija de 7 años, mantiene su apuesta por el sector agrario. Sigue con la misma ilusión que al principio, pero hay algo que ha cambiado, con un puñado de años de experiencia a sus espaldas, ahora es un gran profesional del sector. Sólo hay que escucharle para entender que trabaja en lo que le gusta. Hoy hablamos con Albert Curós Hurtado, nuevo responsable de la granja de La Fageda.
Albert, buenos días. ¿Esta afición por el mundo del campesinado que ya de pequeño manifestabas, te viene por tradición familiar? ¿En qué momento te nace?
No, en la familia no se dedicaban a ese oficio. Pero a mí me empezó a agradar a 9 años, cuando iba a jugar a una granja con cerdos, gallinas, otros animales y también un huerto. Jugaba pero también ayudaba al granjero a realizar algunos pequeños trabajos. Me lo pasaba muy bien e iba todos los días. Después, de mayor, empecé a trabajar unas horas los fines de semana. A cambio, me llevaba a casa patatas, uno o dos litros de leche, huevos y, de vez en cuando, un pollo. En casa éramos cinco hermanos, así que estos productos eran muy bienvenidos. Descubierta esta afición estudié agraria en Olot, para irme profesionalizando.
Así lo has tenido muy claro desde pequeño.
Sí. En la escuela ya le dije a la profesora que quería ser campesino un día que nos pidió por nuestro futuro. El resto de compañeros se rieron porque me parece que fui el único. Y cuando me tocó ir al servicio militar, en 1988, recuerdo que pidieron a un voluntario para ir a granja. De 3.000 que éramos, sólo yo me ofrecí. Pude cuidar a los caballos de la base militar y así me ahorré hacer gran parte de la formación militar. Tuve mucha más libertad que el resto de los que estábamos allí.

Hay un momento en el que, dentro del mundo de la agraria, decides acotar y centrarte con la ganadería.
La experiencia ha sido la que me ha decantado hacia el mundo de las vacas. Empecé trabajando en Mas La Mata como agricultor y granjero, con vacas de montaña. Después estuve en una granja de terneros en el Sallent, y también en una explotación de Sant Esteve d’en Bas, el Mas La Carrera. Hacía distintos trabajos, pero todo se fue decantando hacia el sector ganadero.
¿Te habías planteado alguna vez trabajar en la granja de La Fageda? ¿En qué momento y cómo se produce tu entrada?
La verdad es que nunca me lo había planteado. Mi primer contacto con La Fageda tuvo lugar hace años, cuando trabajaba por un campesino que cultivaba los campos de cereales de aquí. Fue un contacto indirecto con el proyecto. Más adelante, cuando estaba trabajando en otra granja, a finales de 2012, se me ofreció la posibilidad de entrar a formar parte de La Fageda. Tras valorar la situación, decidí no dejar escapar ese tren y a principios del 2013 ya formaba parte del equipo. Estoy contento de haberlo hecho. Ahora ya llevo casi 5 años trabajando aquí.
Cuéntanos un poco tu día a día en la granja. ¿Cuáles son tus tareas desde que llegas a tu puesto de trabajo hasta que termina la jornada?
Cuando llego hago una ronda general por la granja para mirar cómo está todo y cómo están los animales también. Coordino las tareas que tenemos con el resto del equipo y miro si es necesario resolver algo. Luego me encargo de la alimentación general de las vacas, primero de las productoras y después de las secas y las de pre parte. Dos veces a la semana también vengo muy pronto por la mañana y preparo y dejo a punto los cubículos, las camas de todas las vacas. Después desayuno y hago trabajos más de despacho y de organización.
Es un trabajo con unos horarios a veces complicados. ¿Es difícil encajarlo con la vida familiar?
Ahora soy el responsable de la granja y me estoy adaptando a esta nueva labor. Por tanto tengo que invertir muchas horas hasta que lo tenga todo bajo control. Ahora mismo es difícil combinar la vida laboral con la familiar pero cuando haya pasado un tiempo todo volverá a la normalidad, y podré dedicar más horas a la familia. Debo decir que mi mujer me lo ha puesto muy fácil porque siempre me ha apoyado. Entiende la situación y entre todos tratamos de adaptarnos a los distintos horarios laborales que tenemos. Mi hija también está contenta de que su padre trabaje de granjero. Por la noche, antes de acostarse, le cuento un cuento sobre las vacas de La Fageda. Me lo invento a partir de situaciones reales que he vivido en la granja ese día. Le encanta. Y también quiere venir a ver a las vacas de vez en cuando.
Volviendo a la granja, ¿cuál es la tarea que más te gusta realizar? ¿Cuál es el mejor momento de la jornada?
Todos por lo general, me gusta mi trabajo.
Tú que conoces las vacas de La Fageda mejor que nadie. ¿Qué es lo que más te sorprende y llama la atención de este animal?
La vaca lechera es un animal que he conocido a fondo aquí en La Fageda, antes trabajaba más con animales de bosque o de montaña. Y he descubierto que me gustan mucho. Algo que me sorprende de ellas, por ejemplo, es su sentido del olfato. Son capaces de almacenar y reconocer 120 olores distintos. O sea, son capaces de reconocer a 120 personas distintas a través de sus olores. Además son unos animales muy dóciles, muy tranquilos, siempre que no los enfades. Si eres noble con ellas y las tratas bien, nunca tendrás problemas. Yo hace muchos años que trabajo con vacas y puedo decir que nunca he tenido ningún problema con ninguna.
El oficio de granjero no está de moda entre los jóvenes. ¿Qué crees que separa a las nuevas generaciones del mundo agrario?
Es un trabajo que te debe gustar mucho. Necesita mucha dedicación, muchas horas, y unos horarios también de fin de semana y empezar muy pronto por la mañana, y los salarios también son más bajos que en otros sectores. Puede ser mucho más fácil trabajar en una empresa ocho horas seguidas, por ejemplo. Sin embargo, en la granja de La Fageda hacemos rotación de horarios, hay personas que hacen turno de mañana y otras, turno de tarde. Esto ayuda a que más gente quiera venir a trabajar, ya que en la mayoría de explotaciones ganaderas los trabajadores deben cuidar a los animales mañana y tarde. Y puede ser más duro.
¿Qué te ha aportado y te aporta el Hayedo a tu vida?
Una de las cosas que más me aporta es trabajar con personas con una capacidad diferente. Aunque a veces puede haber momentos de mayor dificultad, poder coordinar el equipo de granja con profesionales y usuarios me aporta muchas satisfacciones. Es algo muy agradable y me siento muy realizado al final del día. Y también aprendo mucho todos los días, me enriquece mucho estar aquí. A pesar de tener buen carácter, creo que La Fageda me ha ayudado a mejorarlo.