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18 octubre 2017

Una visita a La Fageda, vivida desde dentro

Son las nueve y media de la mañana de un sábado de octubre. Los primeros visitantes del día ya han llegado y han recogido sus entradas. Se acumulan en el punto de encuentro y mientras esperan que empezemos la visita, admiran el paisaje, hoy con niebla. La Sierra del Corb, imponente, se levanta hacia el sud y a sus pies aparecen el Volcán Puig de la Costa y el mágico bosque de La Fageda d’en Jordà. Un marco de postal.

Me acerco hacia el grupo: «Buenos días, bienvenidos a La Fageda, me llamo Víctor». Es el momento de presentarme como guía y de hacer un pequeño sumario de todo aquello que veremos durante la ruta: los servicios asistenciales, la granja con sus vacas preñadas, los terneros, las productoras y la sala de muñir, y la fábrica. Parece que les motiva la propuesta. «Vamos pues!».

 

 

Empezamos a andar y llegamos al Mas Els Casals, el lugar donde explicamos la vertiente social de La Fageda. «Hoy no visitaréis una granja convencional.De hecho, la granja y fábrica son sólo la punta de un iceberg. Estamos en realidad frente a un proyecto social que trabaja para mejorar la calidad de vida de personas con enfermedad mental crónica o con una capacidad diferente”. Observo la respuesta de los visitantes que tengo delante. Detecto a personas que asienten con la cabeza; conocen el proyecto y saben de qué hablamos. Al otro lado contemplo caras de asombro, miradas de dos amigas que acaban de descubrir que detrás del yogur de la Fageda hay mucho más que una granja. Existe un alma, un objetivo de carácter social. Me alegro de poder participar en la difusión de esta gran labor.

 

Voy detallando el proyecto. Les cuento la labor del Servicio de Terapia Ocupacional, del club social para los jubilados, de las residencias que tenemos en Olot y de los pisos tutelados. También de los servicios de ocio.

 

Y, ahora sí, llega la hora de entrar en la granja. Los pequeños se ponen contentos. Se acerca sin duda alguna el momento de la ruta que más les divertirá. Nos vamos a ver las vacas embarazadas. Las tocan, se hacen fotos, y les dan comida. Cuento también el parto de una vaca con el apoyo de un panel fotográfico. Ven paso a paso cómo va pariendo el animal, desde que sale la placenta y patas del ternero, hasta que la madre le enseña a caminar. Por sorpresa, me vuelvo y veo una vaca que está empezando a parir. No hacen falta más fotos. Vamos a verlo en directo. En silencio, eso sí, por no molestarla en un momento tan delicado. El grupo está embobado contemplando el inicio del milagro de la vida.

 

 

Nos gustaría quedarnos un rato largo pero necesitamos seguir la visita. Cuesta irse, pero el parto puede durar horas y ahora toca visitar las terneras y explicar cómo viven. También aquí podrán tocarlas. Lo disfrutan los pequeños, pero también los mayores. Las terneras de P3, P4 y P5 despiertan un sentimiento de ternura entre los visitantes. Algunas se acercan y se dejan acariciar. Les encanta un buen masaje en las mejillas. “Bien leche, ¿qué edad tienen, son machos o hembras?”, son algunas de las preguntas que nos hacen en este espacio. Resolvemos dudas.

 

Ahora marchamos en dirección al establo de vacas lecheras. En medio de un ambiente aderezado por una música clásica barroca que sirve para relajar nuestras vacas, hablamos de su alimentación, de la producción de leche, de la salida a pastar y de la limpieza de los purines. Se quedan boquiabiertos cuando son conscientes de la cantidad de purines mensuales: ¡miles de toneladas! Y todo ello, reciclado en la misma finca a través de la planta de compostaje. Aprovecho para subrayar la apuesta de La Fageda en la conservación del medio ambiente (planta de biomasa, depuradora, plan de movilidad).

 

Después de hablar de los litros de leche que produce cada vaca y de pasar por la sala de ordeño, vamos hacia la fábrica. Los sábados no está operativa así que tendrán que poner algo de imaginación. Los compañeros descansan. Yo lo podré hacer el lunes. “¿Le quedan ganas de escuchar cuál es el proceso de transformación de la leche?” pido al grupo. La mayoría nunca habían estado en ninguna fábrica de yogures así que siguen con interés esta parte. Empiezo explicando el funcionamiento de nuestra ‘yogurtera’, una fábrica que puede llegar a producir 400.000 yogures en un solo día. Pasteurización, homogeneización, centrifugación… Es una de las partes más complejas del guión pero intento simplificarla para que sea más fácil de digerir. Les muestro también el obrador de mermeladas. Ven las ollas donde hacemos el proceso de cocción de la fruta o la verdura con el azúcar. Les sorprende el estilo artesano empleado. Avanzamos.

 

Me han escuchado con interés durante la visita. Ahora merecen una buena degustación. Entramos en la sala de cata. Después de ver el vídeo del proyecto, llega el momento de poner la guinda a la cima de la tarta. ‘Ahora os llevaremos una degustación de cuatro postres de La Fageda que incluye yogur, mermelada, yogur líquido y helado’. Veo caras sonrientes. ‘Haga muy buen trabajo’; ‘es un proyecto precioso’; ‘espero que podáis seguir muchos años bien haciendo esta tarea social’. Éstos son algunos de los comentarios que me regalan tres visitantes. Se lo agradezco, pero el mérito no es mío, sino de todo el equipo, un grupo potentísimo de personas que sacamos adelante día tras día el proyecto. Los compañeros y compañeras les traen la degustación. Les dejo tranquilos probando los productos. Salgo de la sala, después de despedirme.

 

Espero haber podido transmitir a los visitantes el entusiasmo con lo que vivo este trabajo, este proyecto. Porque sólo si yo disfruto con lo que hago, puedo hacer disfrutar a quien dedica un rato para venir a visitarnos. Porque cada visita es diferente a la anterior. Y porque en cada visita hay personas que me aportan y me devuelven mucho. Gracias a La Fageda por darme la oportunidad de poder difundir un proyecto como éste. Vamos a seguir. Con ilusión.

 

Víctor de Paz

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