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‘Mi trabajo forma parte de mi filosofía de vida’


26 febrero, 2018

Después de entrevistar hace unas semanas a nuestro director de granja, Albert Curós, esta vez nos desplazamos hacia la rama asistencial de La Fageda para conocer un poco mejor una de las monitoras del Servicio de Terapia Ocupacional (STO). De 41 años y madre de l’Estel, de 16, no necesita mucha infraestructura para desplazarse desde su casa al puesto de trabajo. No la necesita porque vive en la misma reserva natural de la Fageda d’en Jordà, en una finca que se encuentra a sólo cinco minutos de la masía Els Casals. Amante de la escalada, el senderismo y la naturaleza, también lo es de los animales: vive acompañada de su perro Laika y de cinco gatos. Con las vacas, en cambio, no tiene tan buena relación. Le dan miedo. Esta semana os presentamos a una persona que ya desde pequeña tenía muy claro que quería dedicar su vida a ayudar a otras personas: Violeta Bulbena Muñoz.

 

Violeta Bulbena, en su casa

 

 

¿Cómo vives trabajar en La Fageda y tener miedo a las vacas?
Tengo pánico a estos animales. Cada vez menos pero tuve una experiencia negativa con ellas que me marcó mucho. De pequeña siempre iba a jugar cerca del mas El Pujolet, al lado de mi casa, y un día pasando por el prado me empezaron a venir todas la vacas de la finca. Se acercaron todas de golpe y me asusté tanto que la única salida que vi fue tirarme por un margen para huir. Pensé que me harían daño. Llegué a casa… tartamudeando, llena de rasguños. Desde entonces les tengo miedo.

 

Verlas cada día te debe ayudar a superarlo…

Aquí es diferente porque están en una cerca para el ganado. Pero recuerdo que hace unos años me hicieron una entrevista en vídeo y me pusieron sentada en el prado donde pastan nuestras vacas libremente. Fue todo un reto aguantar allí y estar respondiendo a las preguntas mientras merodeaban las vacas por detrás. Recuerdo que me reía por no llorar.

 

Como amante de la naturaleza que eres, debe ser fantástico vivir dentro de La Fageda d’en Jordà.
Si, vivo aquí des de siempre y es un sitio muy mágico. La Fageda te atrapa, y si eres una cría aún más. De pequeña me lo pasaba muy bien, tenía multitud de estímulos. Mis padres se compraron esta casa un año antes de nacer yo. Venían de Barcelona, del barrio de Gràcia i del Putxet, e hicieron un cambio de vida para establecerse en la Garrotxa.

 

Violeta, en la ventana de su casa y con su perra, Laika, en la puerta

 

 

¿Y qué sueños tenía esta chica que crecía rodeada de hayas? ¿A qué te querías dedicar?
Quería ser veterinaria. Luego bailarina. En seguida vi que la danza no me llenaba del todo y que el motor de mi vida serían los animales y el hecho de ayudar a los demás. Desde siempre me ha gustado que la gente de mi alrededor se sienta bien.

 

Entonces, antes de trabajar con nosotros ya te habías movido por el sector social.
Estuve haciendo clases de baile en centros penitenciarios de mujeres. Luego hice una sustitución en el Centro de Día de Salud Mental de la Garrotxa y allí se abrió todo un mundo delante de mí. Descubrí que quería trabajar dentro del ámbito de las personas con diversidad funcional. Les pedí a los directores del centro qué debía estudiar para poder profesionalizarme y seguir trabajando en el sector y me recomendaron formarme como auxiliar de enfermería. Así lo hice.

 

Trabajaste también en el Psiquiátrico de Salt, tal y como nuestro fundador, Cristóbal Colón.
Si, estuve en la Unidad de Hospitalitzación Especializada en Discapacidad Intelectual (UHEDI). Allí había personas con un trastorno de conducta que necesitaban unos días de internamiento hasta volver a su estabilización. Fue una etapa muy dura y a momentos lo pasé mal pero también aprendí muchísimo. Aprendí a gestionar el miedo y a controlar determinadas situaciones. Me hice muy valiente. También mejoré el conocimiento sobre determinadas patologías. Durante aquella etapa me ofrecieron otros trabajos en geriátricos y en el Hospital de Olot porque les gustaba el trato que daba a los pacientes y mi forma de trabajar, pero tuve que decir que no porque tenía muy claro que quería estar en un centro como aquél.

 

Xavier Bulbena, tu padre, también colaboró con La Fageda diseñando el packaging de los primeros yogures. ¿Te esperabas acabar trabajando también aquí?
Dejé un currículum y me contrataron poco después para hacer unos talleres de danza y luego una sustitución en el Servicio de Terapia Ocupacional. Cuando parecía que se me acababa el contrato porque se incorporaba la persona a la que yo suplía, quedó una vacante libre porque una persona se iba. Me ofrecieron quedarme y fue un momento de felicidad plena. En otros trabajos había tenido la sensación que me costaba encajar pero en La Fageda me sentí desde un principio muy bien. Sentí que aquí podría desarrollar mis habilidades y sacar mi potencial.

 

¿Cómo recuerdas aquella primera etapa?
De forma muy positiva. Este proyecto me atrapó y lo sigue haciendo día a día. Porque cada día de trabajo es una hoja en blanco. Tenemos una programación pero nunca sabes qué pasará, constantemente tienes que ir reinventándote. Trabajamos con personas y una decisión puede derivar en unas u otras consecuencias. Necesitamos también ser muy autocríticos.

 

¿Cuál es tu labor concreta dentro de STO?
Procurar que las personas a las que atiendo tengan una rutina, unos hábitos. Y de esta forma incidir en la mejora de su propia patología.

 

Nuestra entrevistada, trabajando en el Servicio de Terapia Ocupacional

 

 

¿Y cuáles son las mayores dificultades a las que te enfrentas?
La parte más difícil es cuando ves que una persona lo está pasando mal y no puedes conseguir que se sienta mejor a pesar del esfuerzo y la inversión de tiempo que les estás dedicando. A veces el éxito no depende sólo de uno mismo y sabe mal.

 

A nivel personal, ¿qué te aporta trabajar en La Fageda?
Mi trabajo forma parte de mi filosofía de vida. Trabajo igual que vivo. Me siento satisfecha. Doy, y a la vez siento que recibo mucho también. Es tan gratificante… De hecho estos días lo estoy pasando un poco mal porque estoy de baja por una lesión haciendo escalada y solo pienso en poder volver a mi puesto de trabajo. Será dentro de un par de semanas.

 

Desde hace poco también estás trabajando en el Servicio de Atención al Visitante.
Sí, lo pedí yo misma, a nivel económico me interesaba. Y la verdad es que me ha sorprendido mucho este departamento. Por la gente que trabaja en él y porque estar en otra sección te abre la visión de donde estamos realmente. Estaría muy bien que todos pudiéramos estar una temporada en cada departamento para tener una perspectiva mucho más amplia del proyecto.

 

Violeta, de pequeña, en su finca

 

 

Seguro que en las visitas guiadas transmites a los visitantes esta ilusión con la que trabajas.
Estar en el SAV me permite explicar a la gente el porqué de todo esto, la esencia del proyecto. Quiero creer que cuando los visitantes marchan a casa han entendido que aquí lo que intentamos es normalizar la situación de unas personas hasta ahora estigmatizadas. Les recalco mucho que no es un proyecto paternalista, que somos muy exigentes y cuidadosos con el trabajo y que esta es la única manera que tenemos de hacer las cosas. Hacerlas bien y con sentido. Con responsabilidad y con muchas ganas. Esto es de hecho lo que pedimos a todas las personas, tengan certificado o no. Todos hemos de cumplir con nuestra labor, evidentemente adaptando el trabajo a las capacidades y a las necesidades de cada uno. La gente aquí es feliz precisamente por eso, porque hacen un trabajo de verdad.

 

¿Ves tu futuro aquí, en La Fageda?
Sí. Estoy muy vinculada a todo esto. Estar aquí me permite canalizar mi necesidad de ayudar a los demás y a la vez hacerlo dentro de un marco natural como este. En este sentido, he podido unir mi afición por los animales con el cuidado de estas personas. Propuse una actividad para los usuarios de STO que consiste en ir a pasear los perros de la Protectora de Animales de la Garrotxa. Me la aprobaron y desde hace un tiempo lo hacemos de forma semanal. A los usuarios les gusta mucho y trabajar con animales supone una ayuda terapéutica. Pienso que la vida es como un círculo. Yo intento alimentar a La Fageda y a la vez el proyecto me retroalimenta.

 

Víctor de Paz. Periodista y Guía de La Fageda.

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Elisabet Fargas Molleví tiene 54 años y lleva 17 trabajando en La Fageda. Entró en el proyecto el 2 de marzo de 2001 como monitora del turno de noche en una de las residencias que la fundación tiene en Olot para las personas que necesitan vivir de forma acompañada.

 
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