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La autenticidad y la energía de Tere Carrillo de La Fageda


29 marzo, 2019

1971. Lloret de Mar. Una niña bien rubita empieza a dar sus primeros pasos arropada por la brisa marina de la Costa Brava. Es Teresa Carrillo Larsen, nacida un año antes en esta bonita localidad del litoral gerundense. Esta semana la hemos entrevistado y os queremos acercar el testimonio de una persona que hace 26 años que trabaja en La Fageda y que está enamorada del proyecto tanto o más que cuando entró.

 

Como os decíamos, los primeros ochos años de su vida los pasa entre Lloret y Blanes. El 1978 la familia decide hacer un cambio y venir a vivir al bucólico pueblo de Riudaura, en la Garrotxa. A partir de ahí empieza un estilo de vida rural que nunca más ha abandonado.

 

¿Por qué Riudaura, Tere?
Mi abuelo era de Málaga y había estado implicado en el bando republicano y al final de la Guerra Civil tuvo que huir rápido hacia el exilio, hacia Francia. Poco antes de abandonar Catalunya se despidió de su hijo, mi padre, en Riudaura, donde lo habían acogido. Almenos él se podría quedar. Mi padre pasó toda la infancia en el pueblo y luego se marchó a ganarse la vida a Lloret de Mar. Allí conoció a una ‘guiri’ noruega que había ido a pasar unos días de vacaciones. Se casaron. Pero mi padre siempre había querido volver a sus orígenes y así lo acabó haciendo.

 

Tere, recogiendo un premio en la última asamblea de La Fageda por sus 25 años de permanencia en el proyecto

 

 

¿Tienes recuerdos de la infancia en el pueblo?
No muchos. Sí que me ha quedado grabada la primera vez que estuve en una matanza del cerdo y otras cosas como esta que eran estrañas para mi. Son recuerdos muy lejanos. También puedo decirte que la época de la escuela fue muy feliz. Era una escuela rural, pequeña, con pocos niños… Teníamos mucha libertad y éramos muy salvajes. Subíamos encima de los árboles, íbamos al río, estábamos casi todo el día fuera.

 

Y después me imagino que tocó desplazarse a Olot para ir a la escuela.
Sí, en Sant Pere Màrtir. Esta etapa no fue tan buena. De hecho fue horroroso estar encerrada en un jardín. Además el resto de niños no me trataban demasiado bien, no fui bien recibida. Creo que el niño más guapo de la escuela se enamoró de mi y las niñas me hacían la vida imposible. Se reían de mi por cosas muy simples pero que en ese momento me afectaban. Mi madre me hacía bocadillos vegetales para desayunar y todos llevaban embutido. Esto ya era un motivo de mofa. Además era una educación como muy franquista y yo no estaba acostumbrada a esto. Mi madre venia del norte y tenía una mente muy liberal.

 

Qué descanso pues cuando finalizó esta etapa. ¿Seguiste estudiando?
Sí, quería ser diseñadora de moda y también maquilladora escénica. Iba a la escuela Massana de Barcelona. Los cursos eran caros y me los iba pagando trabajando donde podía. Restaurantes, campings, bares…

 

¿Llegaste a trabajar de maquilladora?
Poca cosa. Es un mundo muy difícil, maquillé algunas drags y tuve otras faenas puntuales pero no podía vivir de ello. Acabé trabajando en el bar del IES Garrotxa en Olot y estuve ahí un par de años.

 

La sonrisa de Tere, la publicamos recientemente en las redes sociales.

 

 

¿Y de allí hacia La Fageda?
Después lo dejé y me fui de viaje por África con un amigo. Estuvimos rodeando el lago Victoria. Poco después de volver alguien me dijo que buscaban una personas para hacer de celadora en una de las residencias de La Fageda. La llamábamos ‘El Xino’. Era el 1993.

 

El año del estreno del yogur de La Fageda.
Sí, pero yo todavía no estaba conectada a esta parte. Estuve 10 años en la residencia. Fue una época genial. Había muy buen ambiente… era como una familia. Nos lo hacíamos todo como en casa. Recuerdo que cuando nos llegó la primera furgoneta era como si nos regalasen el cielo. ¡Ya podíamos ir a la playa o a las ferias de Girona!

 

¿Quién te hizo la entrevista?
Antonio López, que por entonces era el coordinador de la residencia. Me hicieron sentir muy bien des del principio. Dos semanas después de comenzar recuerdo que ya estábamos celebrando una cena en su casa.

 

¿Tenías experiencia en otras residencias?
No. Había cuidado dos niños pero nada más.

 

¿Y qué debían ver en ti?
Una chica joven con energía y con ganas de hacer muchas cosas y tirar hacia delante. Al poco tiempo de entrar empecé una formación en Barcelona en la fundación Pere Tarrés y me habilitaron como educadora.

 

Qué emoción vivir esa primera etapa del proyecto.

Des del principio me sentí muy bien aquí. Eran personas que tenían un proyecto en mente y era necesario desarrollarlo. Todos teníamos muchas ganas y hacíamos lo que fuera necesario. Cocinábamos, limpiábamos, nos quedábamos más horas… E íbamos a hacer unas promociones muy particulares los sábados.

 

Nuestra protagonista, la segunda por la derecha, en una de las antiguas promociones del yogur

 

 

¿Las recuerdas?

Claro. Salíamos el sábado temprano. Normalmente me pasaban a buscar por la residencia, porque había pasado la noche allí. Marchábamos a las 5 de la mañana hacia Barcelona con los terneros y todo el montaje. Fue en 1994 y 1995. Montábamos la parada en la plaza de Glòries o en la plaza Catalunya, nos vestíamos de pastorcillos y empezábamos a regalar yogures para que la gente supiera qué era La Fageda y qué sentido tenía. Al final del dia, normalmente venía Cristóbal a recogernos y nos ayudaba a desmontar todo.

 

No era aún una marca conocida.

No, se conocía poco. Le explicábamos a la gente que era un yogur de granja y dónde lo hacíamos. La respuesta fue muy buena. Algunas veces incluso tuvo que venir el guardia de seguridad del supermercado cercano porque nos estiraban los yogures de tanta gente que venía. Solía ser muy intenso. El viernes hacía noche en la residencia, el sábado todo el día de promoción y llegando a Olot a las 12 de la noche y volviendo a la residencia para trabajar hasta el lunes.

 

¿De dónde sacabas la energía?

Era joven y el proyecto merecía la pena. Esto estaba clarísimo. El proyecto era totalmente necesario y todos teníamos una visión muy limpia. Terminábamos bien cansados pero siempre aparecía alguien que nos arrancaba una sonrisa. También hacíamos cenas entre nosotros y era como cargar pilas porque lo pasábamos genial.

 

¿Cómo fue el cambio hacia el departamento de lácticos?

Me ofrecieron un puesto de monitora en el Centro Especial de Trabajo, en la fábrica de yogures, y lo quise probar. Recuerdo que trabajábamos mucho pero también parábamos las máquinas al mediodía y nos podíamos permitir ir a caminar por el bosque para relajarnos un rato. En toda la fábrica quizás eramos unos 40. El control de la situación era total y conocíamos muy bien a todos.

 

Al cabo de unos años vendría el crecimiento de la fábrica. ¿Cómo lo has vivido?

Pues de una forma positiva. Ha venido mucha gente nueva, personas muy interesantes. También han empezado proyectos muy bonitos. No quiero decir que no haya habido situaciones de más estrés y difíciles, pero todo lo hemos ido superando. Ahora todo es un poco más impersonal, ya no se tiene aquella sensación de estar como en casa, pero ha sido muy importante crecer para poder dar trabajo y servicio a más personas. Estamos acogiendo a una parte importante de la población que tiene problemas. Si no existiera La Fageda, ¿qué pasaría con estas personas? Es importante que nos lo preguntemos.

 

Tere y Miquel Vilanova, Miki, en el espectáculo de la última cena de Navidad de La Fageda

 

 

¿Podrías describir tu día a día?

Pues como monitora trabajo por toda la zona de lácticos donde haya personas del Centro Especial. Somos dos monitoras, una para el turno de mañanas que soy yo, y otra para la tarde que es Maria Solà. Por la mañana atiendo a 47 personas. Organizo los turnos de rotación, atiendo las demandas que puedan tener, asisto a las reuniones… No es un trabajo nada estático. No hay ningún día igual que otro. Todos estos años en la fábrica me han pasado volando.

 

¿Cómo describirías La Fageda para alguien que no la conozca?

Es un bosque de hadas donde vive con mucha gente y con mucha vida.

 

Ya hace 26 años que formas parte de este bosque de hadas.

Sigo enamorada del proyecto como al principio. Porque cada día veo bien claro el objetivo que tenemos. Veo a personas que entran a trabajar con nosotros y tienen dificultades, están encerrados consigo mismos y les cuesta hacer cualquier actividad. Y también veo como después de un proceso de adaptación se produce un crecimiento de la persona y te va cogiendo una confianza auténtica. A muchos los ha cambiado la vida el hecho de estar aquí. Esto es mi motor. La Fageda ha cambiado mucho a nivel empresarial pero la esencia es la misma.  Y esto me ha mantenido aquí todos estos años.

 

¿Algún momento vivido en estos años que te haya quedado para siempre en la memoria?

Un día fuimos a la playa, al Port de la Selva. Y después de tomar el sol fuimos a un restaurante baratito a comer. Una de las usuarias vio que en el restaurante de al lado, más caro, había langostinos, y nos dijo que nunca había comido. Le dimos dinero para que fuera a probarlos, y salió del restaurante borracha. Aquel día pensaba que me echaban de La Fageda. Te podría decir muchas de anécdotas. Nos hemos reído mucho. Sobre todo en las comidas. En las asambleas hacíamos barbacoas, nos cocinábamos nosotros. Estábamos entre amigos.

 

¿Cuál es tu producto favorito?

El yogur natural.

 

¿Te gustaría probar algún otro departamento?

Ahora mismo no. Me llaman la atención los proyectos nuevos planteados pero de momento estoy muy bien en la fábrica. En esta sección están las personas más potentes y a mi ‘me va la marcha’. Cuando veo un caso complicado y un joven que creo que tiene potencial, le pongo todo el empeño para que todo vaya bien.

 

¿Qué te gusta hacer fuera del trabajo?

Estoy todo el día fuera de casa. Soy regidora de Bienestar y Juventud en el Ayuntamiento de Riudaura y le tengo que dedicar bastantes horas. Hago deporte y me gusta ir de viaje. En setiembre me iré a Japón. Me gusta estar con los amigos, organizar fiestas… El fin de semana pasado fue carnaval en Riudaura y llegué a casa a las 7 de la mañana… Soy muy activa y siempre tengo algo que hacer.

 

¿Te ha quedado algo en el tintero por contarnos?

Me gustaría que todos los que estamos en La Fageda intentáramos de vez en cuando hacer una mirada desde fuera. A veces la rutina nos puede llevar a pensar que tenemos un trabajo cualquiera pero no es así. De este lugar salen parejas, amores, también desamores… es la vida. Todo lo que pasa en la vida pasa aquí. Tenemos gente que han empezado a sonreír desde que están aquí. Esto es el valor de La Fageda.

 

Víctor de Paz, periodista y guía de La Fageda.

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