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‘Mis hijos ya viven La Fageda con orgullo, igual que yo, y esto me hace muy feliz’


31 enero, 2020

Mariona es una enamorada de La Fageda. Vino un día para hacer un curso mientras trabajaba de directora en un camping cercano y desde entonces no ha dejado de admirarla. Dejó otras ocupaciones e hizo todo lo posible para entrar a trabajar aquí y lo consiguió ya hace un buen puñado de años.

Empezó como guía del Servicio de Atención al Visitante, en 2011, y gracias a su trabajo constante e ilusión, desde mayo de 2015, es su responsable. Ha creado nuevas visitas, se ha rodeado del mejor equipo y trabaja para que todas las personas que nos visiten marchen tan enamoradas como ella de este proyecto social.

Durante su camino ha recibido el apoyo de muchas personas que la han ayudado a crecer, como Enrique Núñez, Cristóbal Colón, Carme Jordà y Silvia Domènech, entre otras, y ha querido aprovechar esta entrevista para mostrar su agradecimiento a todas ellas.

Desde siempre y os lo dice una persona que la conoce bien, le gusta venir a trabajar con una sonrisa y transmitir la mejor energía a todo el equipo. De abrazos, sonrisas, anécdotas y complicidades, el SAV,está lleno.

Nació el 20 de marzo de 1986 y siempre ha vivido en Olot. Confiesa que de pequeña le gustaba jugar a cosas raras. Inflaba globos, que convertía en sus gallinas y, ella, con un palo en la mano, se creía la granjera y las iba paseando por toda la casa. De mayor se aficionó al teatro y a la pintura. Intentó hacer algún deporte pero sin éxito. ‘Me gusta más hablar’, dice.

Con 16 años se apunta al bachiller científico, a pesar de las advertencias de su profesor de matemáticas para que no lo hiciera. Para que las notas en esta asignatura no auguraban muchos
éxitos en este ámbito. Pero ella lo quiso intentar. Duró tres meses y en el segundo trimestre ya estaba en la Escuela de Arte de Olot iniciando el bachiller artístico.

¿Te habías planteado quizás dedicarte a alguna cosa relacionada con el arte?
No, no sabia qué quería hacer después. Me gustaba el teatro, la pintura, la historia del arte y la geografía pero no pensaba en nada concreto. Me gustó mucho el bachiller y después decidí seguir estudiando e iniciar la carrera de Publicidad y Relaciones Públicas. La nota de selectividad no me permitió entrar y acabé optando por Turismo. Tenía pensado hacer un año y luego convalidar asignaturas y pasarme a Publicidad.

¿Y lo conseguiste?
Resulta que me gustó Turismo y la terminé. Las prácticas las hice en el Camping La Fageda, un lugar que ya conocía porque había trabajado durante los fines de semana y veranos en su restaurante. Esta vez quise variar y hacer las prácticas en la parte del camping. Hacia el final de la carrera me propusieron dirigir el camping y lo acepté. Salí de la universidad con un trabajo.

Y de responsabilidad
Sí, es un camping pequeño.

¿Aprendiste mucho?
Trabajaba yo sola y tenía que hacer de todo. Si había cualquier problema por la noche, los tenía que solucionar yo hasta poder avisar a mantenimiento la mañana siguiente. También fue como hacer un máster en relación con el trato al cliente. Además me ofrecían cursos y formaciones para conocer otros centros turísticos importantes y entidades de la comarca. Un día me ofrecieron visitar la Cooperativa La Fageda.

Y te apuntaste.
Sí, me interesaba porque no conocía el proyecto ni había estado nunca en la finca. Tenía dos conocidos que trabajaban aquí y sabía que era un centro para personas con diversidad funcional pero lo quería conocer mejor.

¿Os hicieron la visita guiada?
Éramos un grupo de personas de diferentes establecimientos turísticos de la Garrotxa y nos hicieron una visita acorde con nuestros intereses. Digamos que no fue la misma visita que ofrecían a los turistas.

¿Y qué te pareció?
Recuerdo que las instalaciones me llamaron mucho la atención, también tengo gravado el momento de ir a visitar a los terneritos… El Servicio de Atención al Visitante (SAV) era un invernadero donde se miraba un video y se hacía una pequeña degustación de yogures. Me enamoré de La Fageda. Y no me pude esperar. Saliendo de la finca paré el coche y llamé a mi madre. Necesitaba decirle que quería trabajar allí.

¿Y te animó a hacer el cambio?
Hacía ya tiempo que no estaba motivada en el camping. Durante cuatro años aprendí muchas cosas pero tenía la sensación que ya las había aprendido todas y me estanqué. Además, tenía mucha relación con los clientes pero no tenía compañeros de trabajo, estaba siempre sola en ese sentido. Y tenía ganas de trabajar en equipo y poder relacionarme. Mis padres lo sabía y me apoyaron.

Ahora solo faltaba una vacante…
Volví a la finca y hablé con Esther Carreras, que en aquél momento dirigía el SAV. Me dijo que no buscaban a nadie pero le dejé el currículo y le expliqué por qué quería trabajar aquí. Era una época en la que se hacían visitas teatralizadas y yo había hecho teatro toda mi vida y creía que podía encajar haciendo de guía, por ejemplo.

¿La convenciste?
Recuerdo una frase que me dijo: ‘hablando contigo veo que eres perfil Fageda, tu sitio debería estar aquí pero ahora mismo no tenemos ninguna vacante, me guardo tu currículo para el futuro’. Estaba contenta porque me habían recibido muy bien. Pensaba que me iría sin hablar con ningún responsable.

Ahora tocaba esperar…
Estuve en el camping dos años más. En setiembre de 2011 lo dejo, a pesar de no tener otro trabajo. Muchos amigos no lo entendían, me decían que cómo podía dejar un trabajo de responsabilidad en plena crisis. Pero yo necesitaba un cambio y tenía el apoyo de mi familia. Me dijeron que si yo creía que aquél no era mi sitio pues que no lo alargara y que buscara mi camino.

Una decisión valiente.
Encontramos una sustituta, la formé, y en noviembre lo dejé definitivamente. Un mes después apareció una nueva oportunidad. Salió a concurso público la concesión de la oficina de turismo y otras instalaciones del pueblo vecino de Les Preses. Me presenté, juntamente con mi pareja, Ricard, para gestionar el punto de información y dos bares del pueblo. En quince días nos hicimos autónomos, montamos una propuesta de gestión y creamos una empresa de alquiler de bicis que se llamaba Campiquipugui.

¡Menudo trabajo!
Sí, fue a contrarreloj. Creíamos que si nos adjudicaban al menos uno de los dos bares y la oficina de turismo pues con los ingresos del bar podríamos ir comprando las bicicletas poco a poco.

¿Resultado?
¡Nos dieron los dos bares y la oficina de turismo! No lo esperábamos. Empezamos el 2012 trabajando 18 horas al día. Cogimos una persones que nos ayudaba con uno de los bares y nosotros dos trabajábamos en el otro bar y la oficina de turismo. Los beneficios iban para comprar las bicis. Los primeros clientes que quisieron alquilar eran una familia y no teníamos bicicletas para pequeños. Fuimos corriendo a comprar unas. Por si esto no era suficiente, nos fuimos a vivir a una casa rural en Sant Salvador de Bianya y también
gestionábamos la casa. En medio de todo esto recibo una llamada de La Fageda.

¡Menudo momento!
Me ofrecieron sustituir una guía que estaba de baja, durante tres meses. Era mi ilusión hacerlo y me organicé con Ricard. Cogimos a otra persona para ayudarnos con todo y yo empecé a trabajar de guía. Con mi sueldo pagábamos a esta persona, así que por dinero no lo hice, yo quería vivir la experiencia.

Pasabas a tener… ¿cuántos trabajos?
Hehe. De 9 a 3 en La Fageda, luego al bar o a la oficina de turismo, y cuando terminaba pues a la casa rural a limpiar y hacer camas y a descansar. Lo aguantaba porque sabía que serían tres meses y ya. El trabajo de guía me encantaba, me hacía feliz. Me pasaba el tiempo volando y me emocionaba explicar el proyecto social. Cuando se me acabó el contrato lo pasé realmente mal. Volví a mi vida pero yo lo que quería era volver a La Fageda.

Lo tenías muy claro.
Si. Pasaron unos meses y volvió a sonar el teléfono. Me ofrecieron un trabajo para ser la segunda responsable del SAV. Dejamos los dos bares, Ricard siguió con la empresa de bicicletas y yo acepté la oferta. Desde entonces me gusta mucho lo que hago, no estaba equivocada en querer estar aquí.

Todo este periplo te hizo merecedora de aparecer en un libro titulado Talents-Valents que habla de los emprendedores de La Garrotxa.

Lo escribió Joan Manel Robles, un compañero de teatro que conocía de hacía años. Saliendo de ensayo, le expliqué el caos laboral en el que estaba inmersa sin saber que él estaba escribiendo este libro y me propuso aparecer como una de las protagonistas. Fue una experiencia bonita y me acercó a otras personas de la comarca.

Ahora ya eres la primera responsable del SAV.
Si, entre 2014 y 2015, durante unas obras de remodelación del SAV durante las cuales el servicio estuvo cerrado, me hicieron la propuesta y dije que sí. Reabrimos en mayo de 2015 con un nuevo equipo que yo coordinaba. Enrique Núñez me ayudó mucho porque yo tenía experiencia en dirección pero no en coordinación de equipos. Suerte de él, fue mi coach. Con Silvia Domènech también he aprendido mucho.

Desde entonces ha habido un replanteamiento del departamento y una profesionalización de los guías, que ara somos embajadores de la marca de La Fageda. Estoy muy contenta porque ahora tenemos un equipo brutal.

Embajadores de la marca Fageda.
Sí, es un trabajo muy importante la de los guías y mentalmente hay que estar muy preparado para hacer cuatro visitas cada día explicando lo mismo sin perder la esencia ni la espontaneidad y adaptando las explicaciones a las tipologías de cada grupo. Requiero un arte de improvisación y adaptación a los cambios.

No es fácil. Y no lo olvidemos, la conexión entre los visitantes y el proyecto son los guías, y han de saber transmitir qué es exactamente La Fageda. Es un departamento clave.

Desde los inicios de este 2020 también has adquirido nuevas responsabilidades.
Gestiono los patrocinios y también planes de comunicación como por ejemplo una campaña de difusión para acercar La Fageda al público de la comarca. También estoy en la Junta de Turisme Garrotxa y en la mesa técnica de la Carta Europea de Turismo Sostenible.

Desde que eres coordinadora del servicio, ¿de qué te sientes más orgullosa?
Muchos. Por ejemplo estoy muy contenta por una cosa y que no tengo yo sola el mérito. Ahora ofrecemos un  mplio abanico de visitas, mientras que cuando entré solo se ofrecía la visita estándar. Ara hay una que incluye una ruta por el bosque de la fageda d’en Jordà, otra de pequeños granjeros, una para estudiantes del sector social, otra para subir hasta una de las cimas del Parque Natural… Y seguro que cada año saldrá alguna nueva porque somos muy creativos.

 

¿Cómo definirías La Fageda?
Es una parte muy importante de mi vida y creo que deberían de existir millones de Fagedes en todo el mundo. No sabes que es La Fageda hasta que no vienes aquí y lo vives. Es un oasis. Te lo definiré explicando un momento que viví hace un tiempo. Durante una jornada de puertas abiertas para familiares, uno de los padres de un trabajador del Centro Especial de Trabajo abrazó a Cristóbal Colón. Noté como en aquel abrazo había mucho más que un saludo. Era un agradecimiento y se notaba un vínculo entre ambos, como si el padre le estuviera agradeciendo haber creado un espacio para que su hijo pudiera trabajar. La Fageda es luz. Saber que tu hijo puede estar acompañado y que cuando tú seas viejo o ya no estés en este mundo alguien cuidará de él y nunca le faltará de nada pues es la esencia de todo esto. En estos momentos soy consciente de que es imposible trabajar en un sitio mejor.

Tienes una gran admiración por Cristóbal.
Hay pocos líderes como él. Debería ser eterno. Nunca había aprendido tanto como a su lado. Tiene un arte especial para decirte las cosas buenas y también las menos buenas. Es un visionario. Y también Carme Jordà.

La atención al público, ambos lo conocemos bien, regala grandes anécdotas y a menudo nos hacen preguntas sorprendentes. ¿Compartimos alguna?
Un día una señora me preguntó que dónde estaban los huevos de las vacas.

?!

Le tuve que recordar que era un mamífero.

Esta no la sabía, haha.

Té diré otra. En la tienda tenemos fotos de platos de carne y pescado para dar ideas sobre como maridar nuestras mermeladas. Un día un señor vio una de las fotos y me pidió una hamburguesa para comer pero sin la cebolla. Le dije que justamente lo único que le podía vender era la cebolla.

¿Tu producto favorito?
El griego natural. Ah, y ¡hemos de hacer yogur de coco! Es una demanda que tengo desde hace ya años así que apunta bien esto.

¿Te verías en algún otro departamento?
Me encantaría hacer las entrevistas y hacerme la psicoanalista para intentar encontrar a las personas adecuadas. Pero después el tema de nóminas no me interesa. Solo estaría en el Área de Desarrollo de Personas para hacer las entrevistas. El acompañamiento de personas de La Fageda en la empresa ordinaria también me motivaría.

¿Qué te gusta hacer en tu tiempo libre?
Pues el teatro lo dejé y pintar me sigue gustando pero no tengo tiempo para hacerlo. Me encanta estar con la familia y viajar con la auto caravana. Y conectar a mi familia con La Fageda. Me gusta traer a mis hijos aquí. Creo que les puede enriquecer muchísimo por su mensaje integrador y para poder conocer y normalizar a las personas con diversidad funcional ya de pequeños. Roc ya habla de La Fageda como si fuera su casa y esto me hace muy feliz. Lo vivo con orgullo, igual que Ricard y yo.

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Estrenamos una planta piloto para experimentar con nuevos yogures y postres

 

20-10-2020

 

Crear nuevos productos, o transformar los actuales,
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¡Entrevistamos al Michael Jackson de La Fageda!

 

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Nos sorprendió a todos disfrazado del ‘rey del pop‘
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sam

 
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