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‘La Fageda es una empresa llena de vida donde compartir es importante’, dice Mercè Roura, del secretariado


16 julio, 2020

Si entramos en las oficinas del caserío de La Fageda encontramos un departamento importante y básico para el proyecto, el secretariado, y que hoy destacamos entrevistando a una de sus integrantes, Mercè Roura Serrat.

 

Conscientes de su larga trayectoria en La Fageda y de la importancia de las tareas que realiza, hemos querido que sea la protagonista del mes de julio en el blog. Le ha gustado la propuesta y la hemos invitado a hacer la entrevista fuera de la finca, en un espacio también muy acogedor y relajante: el Parc Nou de Olot.

 

Mercè, en su casa de Olot, con el volcán Montsacopa de fondo

 

 

Tomando un café en la terraza, empezamos una conversación muy agradable y hacemos un recorrido por sus vivencias más importantes, tanto personales como laborales. ¿Nos queréis acompañar a descubrirlas?

 

Mercè vivió toda su infancia en Santa Pau, en el mismo municipio donde se ubicaría La Fageda doce años después de su nacimiento. Residente en el caserío de Les Forques, iba a una escuela rural que no superaba los ocho o nueve alumnos por curso y en verano le gustaba jugar con los amigos de los caseríos vecinos, ir en bicicleta y también refrescarse en la piscina de Can Xel. Para no perder el ritmo de los estudios,  encontraba un par de horas a la semana para hacer un repaso con un maestro que iba a su casa. 

 

Uno de sus espacios favoritos era el volcán Croscat y, durante el curso, jugaba en un equipo de baloncesto.

 

Mercè, con siete años, participando en el Ball Pla de Santa Pau

 

 

De adolescente cursó la por entonces llamada formación profesional en el Instituto La Garrotxa, en Olot. Estudiaba administración. Pero mejor dejemos que nos lo explique ella con sus propias palabras.

Sí, estudiaba para ser administrativa y me gustaba mucho. Tenía claro que me quería dedicar a ello. Fue una etapa en la que pasaba más tiempo en Olot, estudiando y también el fin de semana con las amigas.

 

¿Ferial arriba, Ferial abajo?

(Ríe). Sí, era lo que se hacía antes. Y también nos gustaba ir al cine Colón y después tomar algo en la plaza de l’Àngel, en un bar que se llamaba Quim’s. Nuestros padres nos llevaban del pueblo a Olot hasta que tuve la moto. Con ella ya gané algo de libertad.

 

¿Y de noche? Habría más oferta de ocio que ahora imagino.

No era una chica que solía salir de noche. De hecho con quince años tenía novio y no íbamos demasiado de discoteca. Pero alguna vez sí que había estado por Kratter’s y Maxim’s. Por las Fiestas del Tura salíamos más. Fue por las fiestas que mis padres me empezaron a dejar estar por la noche con las amigas. Me quedaba a dormir en casa de una prima y ya de mayores empalmábamos hasta que empezaba el encierro a primera hora de la mañana. Recuero los bailes del Ferial, las atracciones… nos lo pasábamos bien.

 

Y, en el trabajo, ¿cómo te fue?

Encontré trabajo justo después de terminar el FP2. De hecho me cogieron en el sitio donde había hecho las prácticas, de administrativa. Era una empresa de embutidos de mi pueblo. Estuve unos años, luego en una empresa de colocación y ETT y más adelante en una empresa del sector inmobiliario. En 2002, cuando tenía 30 años, por motivos personales y porque necesitaba un cambio, me fui a vivir y trabajar a las Islas Baleares.

 

Con 26 años viajó a Estados Unidos y estuvo en el Gran Cañón del río Colorado

 

 

¿Dónde estuviste?

En Menorca. Me gusta tratar con la gente y dejé los trabajos de administrativa para entrar en el sector turístico. Era un trabajo de temporada, en un complejo turístico con tiendo, alquiler de coches y bicis, hotel… Estaba en la recepción y también en la tienda. Tenía pensado estar ahí un año y en 2003 regresé, mi tierra tira mucho (ríe).

 

La Garrotxa se echa de menos…

Sí, tenía muy claro que quería regresar. Una vez aquí estuve en un par de trabajos y luego me salió la oferta en La Fageda. Me parece que la vi leyendo la revista de La Comarca. Buscaban alguien para el departamento comercial. Envié el currículo y en unos días me llamó la Rosa Llach (responsable del departamento del Secretariado). Me dijo que no me llamaba por la oferta a la que yo me había apuntado, sino por otra nueva que había salido en aquel momento para el departamento de secretariado.

 

¡Así aún mejor!

Me gustó más esa oferta que la que yo había visto. Era el momento, junio del 2006, hace ahora catorce años. Recuerdo que me entrevisté con Rosa Llach y Carme Jordà (cofundadora de La Fageda), que en aquellos momentos era la responsable de personal. Hay una frase de la Carme que me quedó grabada en la memoria porque me pareció graciosa. Me dijo: ‘¡llevas trabajando mucho tiempo!‘ Les gusté y en unos días ya empecé a trabajar. Me esperaba un volumen importante de faena.

 

Siendo vecina del pueblo, quizás habías estado antes ya en la finca.

Pues no lo recuerdo… Ahora los alumnos de la escuela de Santa Pau la visitan pero antes no veníamos. Quizás vine una vez, creo que a hacer unos trámites para una de las empresas en las que trabajé. Con esa carretera cruzando el bosque, ¡parecía que no iba a llegar nunca! El primer día me hicieron una visita por las instalaciones y me presentaron a la gente. Uno de ellos fue Enrique Núñez y recuerdo que estaba muy atareado. Nos dimos dos besos y no tuvimos tiempo ni de hablar casi (ríe).

 

¿Y qué te pareció el proyecto?

Fue una visita rápida aquel día. Pero muy bien. Estaba muy ilusionada. Entonces con el día a día ya fui conociendo a todo el mundo. Recuerdo que las personas del Centro Especial de Trabajo y de Ocupacional venían, se sentaban con nosotros, y eran momentos muy especiales. Nos cogieron confianza y nos compartían muchas cosas. Este contacto con ellos ha continuado ya que en el Secretariado hemos tenido la suerte de quedarnos en el edificio del caserío, que está justo al lado del Servicio de Terapia Ocupacional.

 

Mercè, con doce años

 

 

Y a nivel laboral, ¿cuales fueron las primeras tareas que te encomendaron?

Pues entré en el mes de junio y en aquel momento todo el mundo hablaba de la Asamblea. La gente estaba muy nerviosa con esa celebración y yo aún no sabía ni lo que era. Lo descubrí y una de mis tareas se relacionaba con ello. Tenía que hacer las listas de socios de la cooperativa y desde entonces las hago cada año. También cogía el teléfono, administraba temas de las nóminas y, sobre todo, gestión de ayudas, subvenciones y concursos públicos. Estas últimas son mis tareas principales. Leemos las bases, hacemos solicitudes y después la justificación especificando en qué hemos invertido el dinero. En el departamento éramos pocos al principio, Rosa, Ricard y yo. Luego entró Maribel.

¿Qué es lo que más satisfacción te da de tu trabajo?

Cuando cerramos un proceso para conseguir una ayuda. La hemos pedido, nos la han concedido y la hemos justificado. A veces son procesos muy largos que pueden durar hasta un año. Es una gran satisfacción cerrarlos con éxito y es un gran peso que nos quitamos de encima.

 

Con la atención telefónica debéis tener un montón de anécdotas para contarnos. ¿Quieres compartir alguna?

Recibimos llamadas de todo tipo. Hay personas que nos llaman para felicitarnos por el proyecto social, otras nos felicitan por la calidad de los productos. Es bonito recibir una llamada de una persona que nos quiere decir que le gusta muchísimo nuestra crema de chocolate, por ejemplo. Como anécdota, mucho gente nos pregunta si hacemos requesón o si vendemos la leche fresca…

Ahora estos días también podemos ver a tu hija por la finca participando en el Casal de les Llavors, ¿verdad?

Sí, le gusta mucho La Fageda y desde pequeña la ha vivido junto a mi. Desde que estoy trabajando aquí he vivido los momentos más felices de mi vida, con el embarazo y el nacimiento de mi hija Aina el 2010. A raíz de otro cambio a nivel personal, en verano me traía a Aina al trabajo conmigo. Recuerdo que Cristóbal me decía que no me preocupara por nada, que Aina podía estar allí siempre que ella quisiera y el hecho de decirme aquellas palabras representó mucho para mi. La tenía a mi lado sentada haciendo dibujitos. La Fageda me ha facilitado mucho la conciliación con mi vida familiar y se lo quiero agradecer.

¿Cuál es tu producto Fageda favorito?

Soy dulzona. Especialmente me quedo con las dos cremas. También me gustan mucho productos como el yogur de pera o la mermelada de melocotón. Hay algunos productos que para mi simbolizan una vuelta a los inicios del proyecto.

 

Nuestra compañera, con un añito

 

 

¿Cómo definirías el proyecto en el que trabajamos?
La Fageda para mi es un proyecto lleno de emociones y sensaciones que además cambian cada día. Es una empresa llena de vida, donde el hecho de compartir es importante, y es muy diferente de las otras empresas en las que había estado. El contacto con la gente me llena y espero terminar aquí mi etapa laboral.

 

Víctor de Paz
Periodista y Guía de La Fageda

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