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‘La Fageda es un pequeño mundo donde nos intentamos cuidar los unos a los otros y debería servir de ejemplo de como ha de funcionar el mundo global’


20 noviembre, 2019

Nacida en Olot y vecina del barrio de Sant Pere Màrtir y Mas Bernat y actualmente del Pla de Dalt, la protagonista de esta semana coordina los servicios de vivienda de La Fageda. Lo hace desde 2007-2008, aunque empezó a trabajar con nosotros unos años antes como monitora de ocio los sábados por la tarde.

 

Dedicada desde joven a los Esplais de la Garrotxa y a acompañar niños y adolescentes en el tiempo de ocio, estudió educación social en Girona (en un primer momento había pensado en cursar la carrera de periodismo). Una vez diplomada trabajaba en servicios de comedor de escuelas y también como monitora de casal hasta que La Fageda se cruzó en su camino.

 

Es entonces cuando se adentra en el mundo de las personas con discapacidad y con trastorno mental severo. ‘Nunca me lo hubiera imaginado porque siempre tenía en la cabeza estar con niños y jóvenes en riesgo de exclusión social, pero cuando lo que te gusta son las personas, en su sentido amplio, no hay problema en dar un giro y adaptarte a una nueva situación’, nos explica.

 

En estos años se ha enamorado del proyecto, ha conocido a personas de las que ha aprendido y sigue aprendiendo mucho, y ha conseguido trabajar para hacer la vida de los residentes más amable y fácil, y seguramente más feliz. Autodefinida como poco deportista, tímida y amante de la música, hoy queremos acercaros la figura de Olga Coromina Pujeu.

 

Olga en el espacio que conocemos como l’Hort de l’Avi, en la finca El Casals

 

 

Tímida pero a la vez con una tarea muy social. ¿Cómo decides entrar en el mundo del ocio para jóvenes?

Pues fue una amiga que me animó a entrar en ello. Ella quería ser monitora y lo hicimos juntas.  Me gustó tanto que cambié mi idea inicial de estudiar periodismo y me decanté por la educación social.

 

Y del ocio para jóvenes hacia el ocio para personas con diversidad funcional y trastorno mental.

Sí, no me lo esperaba pero La Fageda me ofreció un trabajo más estable que los anteriores y no me lo pensé dos veces. Al principio no tenía claro que este fuera mi sito pero fíjate, aún estoy aquí.

¿Cual fue tu misión al principio?

Era la monitora de ocio de los sábados. Recuerdo que quedábamos en la residencia antigua de La Fageda, conocida como El Xino. Éramos un grupo de unas 25 personas.

 

¿Y qué actividades realizabais?

Íbamos a dar paseos, participábamos en la rúa del carnaval de Olot… Recuerdo que un año fuimos disfrazados de Pippi Calzaslargas. Al principio solo iba los sábados pero enseguida me salió más trabajo. Entré como monitora en una de las residencias que teníamos antes en la calle Fontanella de Olot durante las vacaciones de aquella Navidad.

 

¿Era la primera vez que trabajabas en una residencia? ¿Cómo lo recuerdas?

Sí, la primera vez. No tenía claro que fuera un trabajo para mí. Además cuando entré una de las residentes estaba pasando por un momento muy duro en cuanto a su salud y fue muy chocante. Pero aquí me he dado cuenta que me adapto bien a las situaciones y así lo hice. Al cabo de pocas semanas plegó una de las monitoras antiguas, la Neus, y me ofrecieron su puesto, con contrato fijo. Acepté. En esa nueva etapa conocí a la Tere Carrillo, actual monitora de fábrica, trabajábamos juntas. Me empezó a gustar mucho la labor que realizaba. En el Centro Especial de Trabajo se puede conocer a las personas en su faceta laboral pero en la residencia llegas a descubrir su esencia, su parte más íntima, tanto para lo bueno como para lo malo. Llegas a niveles de confianza muy altos y las relaciones son auténticas.

 

Y de monitora a coordinadora del servicio.

Estuve cinco años como monitora y en 2007 hubo movimientos en el organigrama de la empresa y me ofrecieron coordinar los servicios de vivienda. Al principio lo hacía a jornada parcial y dedicaba el resto de horas a desarrollar un proyecto que acababa de nacer en La Fageda, el Servicio de Inserción a la Comunidad [SIC]. A partir de 2008 asumí a jornada completa la coordinación de las residencias, pisos tutelados y el apoyo en el hogar propio.

¿Cómo es tu día a día como responsable?

Mi día empieza siempre en La Fageda, haciendo tareas de oficina y de coordinación con el resto del equipo asistencial, sobre todo con Dolors Falgarona, la responsable del Servicio de Terapia Ocupacional [STO], ya que la mayoría de usuarios de este servicio también lo son de la residencia. También hago los calendarios de los monitores, cosa que me ocupa gran parte de la jornada. Es difícil que todas las piezas encajen. Y por la tarde voy a las residencias, sobre todo estoy en El Cassés. Cuando es necesario hablo con los residentes, con los monitores, con la cocinera…

 

En las residencias tenemos un servicio de cocina propio.

Sí, y pienso que es muy importante que así sea porque en la mayoría de residencias se funciona con catering. Aquí, cuando llegan las personas usuarias ya huele a comida, porque la Adelina está preparando la cena. Hay gente que lo primero que hace tras pisar la residencia es ir a verla para saludarla y preguntarle qué hay para cenar. Lo valoran muchísimo y le da un valor añadido al servicio.

 

¿Cuantas personas viven en cada residencia?

En El Caliu, en el centro de Olot, viven 13 personas distribuidas en tres pisos en un mismo bloque. En uno hay cuatro, en el otro tres y en el último, el más grande, seis. En El Cassés 23, repartidos en dos pisos. En uno residen 11 y en el otro 12. También tenemos un piso tutelado y ofrecemos apoyo para las personas que viven de forma autónoma, 17 hogares reciben nuestro servicio.

No debe ser fácil compartir espacio con personas tan diferentes entre sí.

Siempre pienso que tienen más paciencia ellos que nosotros. Lo hacen muy bien y hacen un gran esfuerzo. Además, la mayoría son usuarios del Servicio de Terapia Ocupacional, con lo cual conviven cuando van a La Fageda y también cuando regresan a casa. Por eso es tan importante que todo nuestro equipo sea consciente de la función que tenemos encomendada. Para nosotros esto es un puesto de trabajo y cuando terminamos nos vamos a nuestra casa pero no hay que olvidar nunca que para ellos es su vivienda, su única casa. Hay que venir aquí para dar lo mejor de nosotros mismos y con alegría y buen humor.

 

En las habitaciones pueden tener su parcela de intimidad.

Sí, tenemos habitaciones individuales y también otras para dos personas. Los hay que les gusta la soledad y a otros les gusta dormir acompañados porque se siente más seguros y tranquilos con un compañero o compañera al lado.

 

¿Cuál es el horario de la residencia?

El servicio funciona por la mañana, los días laborables, de 7 a 10h, y por la tarde a partir de las 6, cuando se regresa del Taller o el Centro Especial de Trabajo de La Fageda. Por las mañanas hay que desayunar, tomar la medicación si es necesario, ducharse, vestirse y coger el bus en la puerta de la casa.

Cuando regresan a casa después de todo el día fuera querrán descansar y estar tranquilos. 

Algunos ya van directos al sofá a mirar la televisión, otros meriendan un poco y toman una infusión. También los hay que se duchan u otros que salen a pasear, a tomar algo, a leer el periódico en algún bar… Es su momento para estar tranquilos y gestionar su tiempo. Son dos horas libres hasta las ocho que empieza la cena. Y pronto a dormir. Los fines de semana todo cambia y los horarios son más relajados. Para los marchosos de la casa, se pacta una hora de vuelta los sábados por la noche.

 

¿Hay algún límite de edad para poder ser usuario del servicio?

En principio deberían ser menores de 65 años pero nuestra filosofía es que puedan quedarse el máximo de tiempo posible, aunque sea superando esa edad. Si están con nosotros convivirán con menos personas que en una residencia geriátrica, también podrán ir a La Fageda cada día y compartir espacio con personas más jóvenes, con los trabajadores del Centro Especial de Trabajo, con los turistas que nos vienen a visitar… La vida así es más estimulantes y para las familias también es una alegría que estén aquí. Pero llegado determinado momento si es necesario que puedan entrar en un centro geriátrico porque con edad avanzada se pierde mucha autonomía y tener que madrugar para bajar cada día hasta La Fageda se puede convertir en un dolor de cabeza más que en algo beneficioso. Lógicamente nos da pena cuando llega ese momento pero saben que el vínculo con nosotros no finaliza ya que recibirán periódicamente nuestra visita en su nueva casa.

 

¿La mayoría tienen familia?

Algunos sí. Nosotros cerramos solamente un día en todo el año, el de Navidad. Y así pueden pasarlo junto a los suyos. Siempre que quieran también tienen pueden visitarlos.

 

¿Por qué la residencia es una rama tan importante dentro del proyecto de La Fageda?

Para nuestra gente es de vital importancia. Tenemos que acompañar a las personas, trabajar para que se sientan realmente en su casa, y que se sientan escuchadas. Intentamos que cada residente se sienta como un hijo único dentro de una gran familia.

 

¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo?

Las personas. La atención a las personas. Y que cada día es diferente. También todo lo que aprendo, y haber conocido a mis compañeras. Tengo la suerte de tener un equipo muy potente. Las monitoras más antiguas de la casa son para mí un pilar y me facilitan mucho el trabajo. Quería aprovechar esta entrevista para darles las gracias. Sé que hay mucha gente en la que puedo confiar siempre y eso me ayuda y me hace ir a trabajar con más ganas.

 

¿Y qué es lo que más satisfacción te puede dar?

Sentir que ayudas a hacer un poco más feliz o fácil la vida de la gente. Somos facilitadores para que la vida sea un poco más amable. La Carme Jordà siempre dice que la residencia debe ser un sitio confiable donde cada uno puede ser él mismo sin cortarse. Un espacio donde sentirse escuchado. Intentamos que cada día alguna monitora dedique un rato a cada uno, y que en ese momento solo lo mire a él o a ella. Todos merecemos tener a alguien que nos mire solo a nosotros en algún momento del día.

 

¿Se crea un vínculo muy fuerte con los residentes?

Si, siempre con unos límites para que las relaciones sean sanas y saludables. Si se crea una relación de dependencia, el problema viene cuando una monitora se va a trabajar a otro sitio. Hay sufrimiento. Por lo tanto hay que encontrar la medida justa. Eso no quita que con algunas personas tengas un feeling especial. Es muy mágico. Poderte reír, hacer bromas con ellos… En el fondo lo que hago aquí no es nada que no haga fuera de La Fageda. No me tengo que disfrazar de nada, sino que puedo ser yo misma igual que también lo pueden ser ellos.

 

¿Cómo definirías a La Fageda?

Es un pequeño mundo dentro del mundo global donde todos intentamos cuidarnos los unos a los otros. Sería un ejemplo de como debería funcionar el mundo grande. Si todos nos conociéramos más e intentáramos escucharnos y saber quién tenemos delante seguramente todo iría mejor.

Desde las residencias estáis un poco alejados de la parte productiva pero seguro que conoces bien y has catado todos los productos de nuestra marca. ¿Cuál es tu favorito?

El yogur natural, el azucarado, y la mermelada de higo.

 

Sales de trabajar a las siete de la tarde… ¿Qué hace Olga en sus ratos libres? Por ejemplo… ¿qué harás ahora cuando salgas de trabajar?

Hoy iré a casa a descansar, vivo aquí al lado. Antes tenía un perro y me gustaba salir a pasearlo después del trabajo. Me servía para desconectar y para separar un poco más la vida laboral de la familiar. Porque al llegar tan rápido a casa a veces me llevo los problemas de un sitio a otro. Y los fines de semana pues acompaño a mis hijos a sus partidos de fútbol. Entre mis aficiones está viajar, aunque por falta de tiempo lo hago poco. Recuerdo que uno de mis mejores viajes fue a Santo Domingo, cuando participé un proyecto solidario para organizar unos campamentos de verano allí. Era más joven y tenía más tiempo. Ahora puedo hacer escapaditas de fin de semana. Mis hijos quieren ir a Londres y yo no he estado nunca. Quizás es nuestro próximo destino.

¿Ves tu futuro en La Fageda?

Estoy feliz aquí. Y vengo a trabajar contenta. Hasta que esto no cambie, aquí estaré.

 

 

Víctor de Paz, periodista y guía de La Fageda

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