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‘La Fageda es un lugar muy intenso en emociones y tiene una esencia que te retiene’


31 mayo, 2019

Lídia Pous Camps es la psicóloga más joven de La Fageda. Tiene 26 años (si la veis el 13 de julio felicitarla, que cumple 27) y justo hoy hace dos años que trabaja con nosotros. La casualidad ha querido que lo podamos celebrar con esta entrevista que nos permitirá conocer mejor la labor profesional que realiza y también su faceta más personal.

Como otros trabajadores del proyecto, vive en la comarca vecina del Ripollès y es una santjoanina muy orgullosa de su origen. Adora su pueblo, Sant Joan de les Abadesses, y no se pierde las celebraciones locales tradicionales como el Ball dels Pabordes, con más de 75 años de historia. Se define como una persona alegre y optimista, reflexiva y emocional y, según sus amigos, también ‘yayo-léxica’, porque de vez en cuando cuando habla suelta alguna palabra de esas de pueblo de toda la vida.

 

De pequeña le gustaba el ballet y tocar el piano, actividades que de joven cambió por el teatro, el tenis y la natación. A partir de los 18 también se convirtió en monitora y participó activamente en diferentes campos de trabajo de verano para adolescentes, una actividad que contribuyó a su crecimiento personal. Actualmente, entre sus aficiones destaca el deporte, la montaña, tiempo  con sus amistades y viajar. También participa en acciones solidarias como Oncotrail 2019, una carrera contra el cáncer de mama.

¿Por qué decides estudiar psicología?

En un primer momento me gustaba la biología, durante el bachillerato. Cursé el científico, pero algunas asignaturas como la física las detestaba. En segundo la cambié por geografía, en un itinerario que se llamaba bio-sanitario. Entonces me di cuenta que quería trabajar con personas y la psicología me abría muchas posibilidades: recursos humanos, penitenciarios, judicial, educativo… Es una profesión que toca muchos ámbitos. Empecé la carrera en la Universidad de Barcelona.

 

No es fácil escoger un camino de futuro con 18 años. Por lo que parece, no te equivocaste.

La carrera me gustó y me reafirmé en la decisión. En aquel momento faltaba que me especializara y lo hice en el ámbito de la neuropsicología, estudiando un posgrado durante el último año. Una experiencia familiar anterior me había hecho vivir de cerca el caso de una persona con necesidades de neurorehabilitación y seguramente esto, aunque en aquel momento no fuera consciente de ello, me empujó a tomar la decisión. Siempre he pensado que hay una conexión entre la experiencia personal y este tipo de elecciones.

Menudo cambio, del pueblo a la gran ciudad.

Si, en aquel momento tenía muchas ganas. Todos los amigos nos íbamos a Barcelona a estudiar, algunos ya estaban allí, y nos juntamos cuatro para compartir piso. Al principio viví en plaza Universitat, en  medio del meollo. Los jueves salíamos de fiesta, dado que los viernes no había clases, y formamos un bonito grupo de amigos en la facultad. Con algunos sigue manteniendo una gran amistad. De hecho este año voy a la boda de una amiga.  Los fines de semana volvía al pueblo y al  terminar la carrera regresé a mi Sant Joan.

 

¿Hacia dónde se dirigieron tus primeras búsquedas de trabajo?

Nunca me planteé ser una psicóloga de diván. Al principio trabajé en residencias geriátricas durante tres años, entre las comarcas de Osona, la Garrotxa y el Ripollès. Me sentia muy contenta de poder trabajar ya como profesional justo después de terminar los estudios. Somos muchos los que nos graduamos cada año y es difícil que el mercado nos pueda absorber a todos. Trabajaba en atención y acompañamiento a los mayores y a sus familias, y todo en coordinación con el resto de profesionales del centro. Al cabo de unos años quise seguir avanzando y conociendo otros ámbitos para crecer como psicóloga.

 

¿Es en este momento cuando piensas en La Fageda? ¿Conocías alguien que trabajara aquí?

No. Me llegó una oferta de trabajo y me presenté. Por lo que me dijeron luego, lo hice yo y otras muchas  personas.

Qué honor, resultar la elegida.

Fue un proceso muy lento y muy largo porque además coincidió con la creación del nuevo departamento de recursos humanos. Pasé por cuatro entrevistas y por las manos de Sara [responsable del Área de Gestión y Desarrollo de Personas], Carme [psicóloga cofundadora de La Fageda], Maria [psicóloga y directora del departamento de sociolaboral] y Coral [psicóloga]. Fueron entrevistas muy peculiares.

 

La Fageda es especial, incluso para eso. ¿En qué sentido fueron peculiares?

Recuerdo algunas preguntas más típicas como el por qué había presentado mi currículo o por qué había estudiado psicología, y otras incluso sobre mi horóscopo (ríe). Me querían conocer como profesional pero también como persona. Tenía a tres psicólogas delante que sabían lo que se hacían.

 

¿Cómo describirías tu labor profesional?

Estoy en el equipo sociolaboral del Centro Especial de Trabajo. Es una labor muy polivalente y el centro de todo es la persona. Somos un departamento muy curioso y que pregunta mucho. Debemos conocer bien el interior de todos para poder acompañar en el proceso de inserción laboral. Una inserción que también puede formar parte de un proceso rehabilitador. Ofrecemos un servicio de acogida y después acompañamos durante toda la etapa laboral, en coordinación con los monitores, una figuras clave en el proceso y otros compañeros de trabajo. Acompañamos para que todos puedan realizarse en el ámbito personal utilizando como herramienta el trabajo. En este objetivo la familia también debe implicarse y contamos con ellos para unir esfuerzos. Hay personas que tienen también un seguimiento psiquiátrico o  terapéutico  en la red de Salud Mental de la Garrotxa con los que nos coordinamos. Necesitamos un trabajo en equipo.

 

Para conseguir recibir esta información tan confidencial, has de ganarte su confianza. ¿Cómo has vivido este proceso de creación de vínculos con las personas?

Pues sí, la primera fase, la base de todo, es crear el vínculo, la relación de confianza. Sólo entonces la persona se dejará conocer. Es un primer paso que puede ser largo pero que es imprescindible. A partir de ahí se puede empezar a construir algo más.

Muchas de las personas que nos visitan se interesan por saber cómo el trabajo puede mejor la vida de las personas  del Centro Especial de Trabajo. Como experta en este ámbito, ¿qué nos podrías contar?

En el ámbito social todo es muy efímero y es difícil encontrar herramientas para medir la felicidad. Este año por primera vez hemos instaurado un sistema de valoración a través de una escala estandarizada mediante la cual también podremos hacer las planificaciones individuales. Nos servirá para establecer el grado de satisfacción. En todo caso, el trabajo es una herramienta de normalización que bien utilizada contribuye a la estabilidad psiquiátrica y a restar protagonismo a la enfermedad mental. Esto es una evidencia.

 

Escoger qué labor realiza cada persona debe ser también lo más importante. Encontrar la armonía.

Nosotros aquí lo que hacemos es crear trajes a medida. Somos sastres. Hay personas que nos llega con miedo porque creen que no aguantarán trabajar muchas horas, que determinadas labores no las pueden realizar… no hay problema. En la medida de lo posible todo se va ajustando. Y, cuando sea necesario, lo cambiaremos, porque un mismo traje no sirve para toda la vida. Todos vamos cambiando y evolucionando y es importante que en el trabajo haya modificaciones.

 

¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo?

Conocer a las personas, sus historias de vida y aprender mucho de ellas, de todos los compañeros. Y que no es una faena rutinaria. Cada día es diferente, y mucho.

 

¿Y lo que más te ha sorprendido?

La complejidad que hay. La capacidad de innovación, de superación, de ser creativos en el día a día. Es una labor muy exigente.

 

¿Cuál es tu producto Fageda favorito?

La crema, y yo le añado canela.

 

Ser psicóloga te da más herramientas para gestionar mejor las emociones y las situaciones que puedan surgir en tu día a día, a escala personal?

No tiene por qué. La teoría la conozco bien pero después, en la vida,  cometemos muchos errores, como todo el mundo.

 

¿Tiendes a analizar a las personas?

Si, soy muy observadora (ríe). Y siempre lo doy mil vueltas a las cosas.

¿Cómo definirías La Fageda?

Es un lugar  muy intenso en emociones, tanto a nivel personal como profesional. Al principio escuchaba a compañeros hablar de la esencia del proyecto, una energía que te retiene y que adoras, y yo aún no lo entendía. Ahora, después de estos dos años, me queda claro y comprendo perfectamente los profesionales que viven este proyecto con todo su amor y entrega. Es brutal. Esta manera de trabajar no se puede perder nunca.

 

Víctor de Paz, periodista y guía de La Fageda.

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