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‘Para mí es un lujo poder trabajar aquí’. Entrevistamos a Jesús Gil Sánchez, del departamento comercial de La Fageda


1 octubre, 2018

Nuestro protagonista de esta semana se incorporó al equipo de La Fageda hace cinco años, en 2013. Lo hizo como promotor de ventas del helado y con el objetivo de conseguir aumentar la implantación de este producto dentro del mercado catalán y sobre todo dentro de la tienda tradicional del área de Barcelona durante la campaña de verano.

 

Llegado el mes de setiembre y con el inicio del otoño, pensó que quizás La Fageda podría prescindir de él pero se valoró el trabajo bien hecho y le ofrecieron quedarse en esta ocasión dentro del departamento de mermeladas y yogures, realizando una labor muy parecida a la que había realizado con el helado. Desde entonces ha ido asumiendo nuevas responsabilidades y ahora ya coordina la distribución de producto y la captación de nuevos clientes de la zona de Barcelona, Maresme, Vallès y Tarragonès. Esta semana hablamos con Jesús Gil Sánchez, del departamento comercial de La Fageda.

Residente en El Masnou (Maresme) y con 47 años, tiene una larga experiencia dentro del sector del láctico y ha trabajado en marcas tan conocidas como Nestlé, Pascual y Jijonenca como promotor de ventas. Justamente fue un distribuidor de helados el que lo avisó que en la Garrotxa buscaban alguien para incorporarse en la campaña de verano del helado de La Fageda.

 

¿Qué conocías de La Fageda cuando recibiste la información de la oferta de trabajo?
Conocía el bosque de la Fageda d’en Jordà y el Parque Natural de la Zona Volcánica, pero no conocía casi nada de la Cooperativa La Fageda. Sí que me habían explicado que en la zona se hacían yogures y lógicamente también sabía la existencia del proyecto de helados pero poco más. El proyecto social lo desconocía por completo.

 

Entonces, ¿cómo recuerdas aquel primer día aquí?
De entrada te tengo que decir que me perdí. Venía de El Masnou, no me conocía demasiado la zona y además llovía. Llegué a Olot y luego seguí en dirección a Santa Pau. Me habían dicho que ya vería la fábrica pero en el camino no vi nada que se le pareciera. Acabé llegando al pueblo de Santa Pau y me puse a investigar por las calles. No lo veía claro y llamé. Me indicaron que tenía que recular a la carretera y que allí vería un cruce con las indicaciones para llegar a la finca. Lo encontré y de repente veo que me meto dentro de un bosque. Ya pensaba que me había vuelto a perder. No veía posible que hubiera una fábrica en medio de aquél bosque.

 

Pero sí.
Por sorpresa mía el camino me llevó a la fábrica, donde me esperaba Sílvia Domènech, la responsable de márquetin. Me hizo una visita por las instalaciones y me lo enseño todo. Después firmamos el contrato. Ese día, después de recibir toda la información, fui realmente consciente del tipo de empresa en el que iba a trabajar a partir de ese momento.

 

Jesús Gil, durante su infancia

 

¿El recibimiento que te brindó el equipo fue satisfactorio?
Pues sí. Te podría decir que lo que más me sorprendió de todo fue que todo el mundo tenía una predisposición a ayudar, a colaborar. Era una cosa inédita para mí, acostumbrado a moverme dentro de empresas multinacionales. El trato humano, la manera de hablarme… me ofrecían proximidad y serenidad. Con mucha amabilidad me ayudaron a entender como funcionaba todo.

 

¿Cómo era tu día a día en esta primera etapa?
Los helados aún se producían en Badalona. Entonces mi labor era la de visitar a las tiendas tradicionales de Barcelona que ya vendían nuestros yogures y ofrecerles también los helados. Como ya conocían la marca, en un principio podía ser más fácil que nos compraran también el helado. Pero teníamos menos recursos que en la actualidad y no disponíamos aún de congeladores propios. Algunas tiendas querían el helado pero no tenían demasiado espacio para guardarlos así que me hacían unos pedidos pequeños como por ejemplo de un par de cajas. No era nada fácil.

 

¿Tardaste mucho en conseguir tu primer cliente?
Pues sufrí un poco… Pasaban los días y no conseguía ninguno. Estaba preocupado. Hablaba mucho con Silvia para explicarle las dificultades que me iba encontrando y ella lo entendió perfectamente. De hecho fue ella quién me tranquilizó y me dijo que estaba haciendo un trabajo muy difícil teniendo en cuenta que era un producto poco conocido. Sólo producíamos cinco sabores y había dos formatos diferentes en cuanto al tamaño. No teníamos ni un catálogo propio para los helados. Cuando visitaba las tiendas utilizaba el catálogo de yogures, que tenía el apartado de helados en la última página.

 

I dentro del ámbito de distribución del producto, ¿cómo funcionaba todo?
Pues yo iba a visitar los clientes y me hacían un pedido. Entonces yo lo enviaba a la empresa que nos lleva la distribución para que los repartiera al día siguiente.

 

La labor que realizas ahora debe ser bien diferente a esta que nos explicas de los primeros años.
Sí, ahora ha cambiado todo. Hay más recursos, más estructura, más personal. La facturación ha cambiado mucho a nivel de helados en estos cinco años. Yo diría que casi la hemos triplicado. Ahora ya no voy tanto a los puntos de venta. Me dedico a coordinar el equipo de distribuidores. Son ellos los encargados de realizar la labor de promotor de ventas y de servir a nuestros clientes. Me encargo que todos los distribuidores tengan producto y atiendo las necesidades que puedan tener. Por la mañana también hago algunas visitas.

 

¿Y por aquí vienes a menudo? ¿O trabajas más dentro de tu área de influencia?
Vengo bastante. Cada tres semanas hacemos una reunión con el equipo comercial. Marcamos las estrategias, la planificación. Cuando llega el verano hablamos mucho de la campaña de helados, y ahora por ejemplo pues tratamos el tema de la mermeladas. También estamos intentando buscar nuevos clientes dentro del sector de la hostelería. Con todo, sí que es verdad que estoy un poco separado de vosotros. Pero cada día que vengo descubro algo nuevo que me hace enamorar más del proyecto. Al principio, cada día que venía quedaba impactado, maravillado.

 

¿Cómo resumirías con pocas palabras el objetivo de tu trabajo?
Mantener la cartera de clientes e ir abriendo mercado poco a poco. O sea, mantener lo que ya tenemos e intentar ir a más.

 

Si tuvieras que quedarte con uno de nuestros productos, ¿cuál escogerías?
El helado de vainilla. Es un producto espectacular y del que podemos estar muy orgullosos. Conozco muy bien el mundo de los helados y el nuestro es diferente. Está hecho con leche fresca y la vainilla es de las buenas, viene de Tahití y Madagascar. Además tiene trocitos de nueces de macadamia. Buenísimo.

 

¿Tienes algún espacio favorito en la finca? ¿Cuál?
Me encanta hacer un café en el Servicio de Atención al Visitante y estar en la terraza.

 

¿Cuál es el departamento que más desconoces?
Asistencial. Es el que me queda más lejos de la labor que realizo. Me gustaría descubrir mejor su funcionamiento.

 

¿Y a parte del tuyo, en qué otro departamento te verías trabajando?
Creo que en el de jardinería, por poder estar en contacto con la naturaleza, al aire libre.

 

¿Podrías definir qué es para ti La Fageda?
Es espectacular. Estoy en una empresa privilegiada y para mí es un lujo poder trabajar aquí. Me hace sentir contento formar parte de este equipo.

 

Cuando no trabajas, ¿qué te gusta hacer?
Estar con mi pareja, las motos, los deportes náuticos… En un futuro no muy lejano me gustaría formar una familia. Siempre lo hemos ido aplazando pero creo que ya va llegando el momento. La Fageda me ofrece estabilidad y eso también es importante para dar el paso.

 

Víctor de Paz, periodista y guía de La Fageda

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