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El duende del bosque de la Fageda d’en Jordà


8 enero, 2019

El animal que os presentamos hoy no es ningún desconocido para los trabajadores de La Fageda. Es uno de los habitantes más voluminosos del bosque de la Fageda d’en Jordà y en más de una ocasión nos hemos cruzado con algún ejemplar en el camino rural que lleva hasta nuestra finca. Esto suele pasar al anochecer o a primera hora de la mañana, el momento en que este mamífero se encuentra más activo. Hay quien habla de un ciervo. La verdad es que se le parece bastante, pero no lo es. En la Fageda no viven ciervos, ni tampoco gamos. ¿De qué animal se trata entonces? ¿Qué nos puede ayudar a diferenciarlo de estas otras especies? ¿Cómo se comporta? ¿Qué rastros deja? Vamos a conocer mejor a nuestro vecino, el corzo, conocido también como el duende del bosque.

 

De nombre científico Capreolus capreolus, el corzo es un mamífero que pesa entre 13 y 30 quilos. Es más pequeño que el ciervo y el gamo, animales con los cuales comparte parentesco. Los tres forman parte de una misma familia, los cérvidos, y por esta razón la confusión suele ser habitual.

 

Para diferenciarlos lo tenemos fácil, nos podemos fijar por ejemplo en los cuernos. Los del corzo son pequeños, miden entre 20 y 25 cm, y con un máximo de tres puntas; los del gamo son mayores y con forma de pala, acabados en muchas puntas y tiradas hacia atrás; y los del ciervo son muy grandes y ramificados en función de la edad del ejemplar. En los tres casos solo tienen cuernos los machos y no los lucen durante todo el año, sino que los mudan.

 

Al corzo le caen a principios de invierno y hasta la primavera siguiente no le vuelven a crecer. ¿De qué le sirven? Tienen una función defensiva, contra los posibles depredadores, y sobre todo los utilizan para enfrentarse contra otros machos de su especie y ganarse el derecho a aparearse con las hembras del territorio. A pesar de su aspecto amable, los machos participan en combates realmente violentos y que pueden dejarlos muy malheridos. Los cuernos le caen precisamente debido a las bajadas y subidas de una hormona que genera la testosterona.

 

Su celo tiene lugar durante el verano, normalmente entre julio y agosto, y el corzo lanza sonidos similares a los de un perro, por eso decimos que ladra. Las hembras tienen un periodo de gestación con diapausa embrionaria, lo que significa que interrumpen el embarazo en invierno y no lo retoman hasta que llega el buen tiempo, para parir en una época de más abundancia de alimento. Desde la fecundación del óvulo hasta el parto pasan unas 40 semanas, pero la gestación real solo dura unas 18 o 19. El nacimiento de las crías, normalmente dos, tiene lugar en la mayoría de los casos en mayo o junio. Al principio están escondidas en el nido y no salen, y al cabo de unos ocho días, ya acompañan a la madre a pastar. El período de lactancia dura entre seis o siete meses, hasta la llegada del frío.

 

Otra característica que sirve para diferenciarlo es su pelaje. Tiene una mancha blanca en la región anal que se llama escudo anal y que es fácil de observar. En invierno es más intensa y en verano un poco más difuminada pero siempre es una pista clave. Por encima tiene la cola, pequeña, de unos pocos centímetros. El vientre, en todos los ejemplares, es más claro que el torso. En otoño le nace un pelaje de color más gris por el resto del cuerpo. Se trata del ‘vestido’ de invierno, vacío por dentro y que le sirve como capa de aislamiento térmico para superar los meses fríos. Es su abrigo natural.

 

Hace vida desde el anochecer hasta la salida del sol y siempre que detecta la presencia de humanos huye rápidamente. Es muy buen corredor -tiene unas patas delgadas y ágiles, las de detrás más largas que las de delante-, y también sabe nadar.

 

Como mamífero herbívoro, se alimenta de hojas y también come hierba, frutos, cortezas, especies de cultivo… Tiene el estómago muy pequeño y eso condiciona su forma de alimentarse.

 

A la hora de escoger un sitio para vivir, le gustan las zonas que combinan bosque (encinar o hayedo, por ejemplo) y espacios abiertos. Antiguamente vivía en gran parte del territorio de Catalunya pero la presión humana lo fue apartando y desplazando hacia el Pirineo. En la Garrotxa, concretamente en el Parque Natural de la Zona Volcánica, fue reintroducido con éxito el 1995 y es por ello que hoy lo podemos encontrar en la Fageda d’en Jordà, el volcán Croscat, el volcán Santa Margarida… También se soltaron ejemplares en otros parques naturales como el Parque Natural del Montnegre y el Corredor. Actualmente se encuentra en expansión. Es muy sedentario, así que normalmente no cambia de casa y se queda siempre en una misma parcela de territorio.

 

Para marcar su ‘dominio’, restriega la cabeza y los cuernos contra un árbol o matojo liberando una sustancia que proviene de las glándulas odoríferas. Estas marcas profundas sirven de aviso a los otros corzos que corren por la zona… Y mejor que no se acerquen sobre todo en época de celo.

 

Víctor de Paz

Periodista y Guía de La Fageda

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