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Dolors Falgarona: ‘Hace 25 años que trabajo en La Fageda y aún sigo aprendiendo día a día’


30 julio, 2019

La protagonista de hoy en nuestra sección de la entrevista hace ya un puñado de años que trabaja con nosotros. En concreto 25 y durante la última asamblea recibió un reconocimiento por su larga trayectoria. Amante de la naturaleza y vecina de Santa Pau de toda la vida -ahora de la urbanización Ca la Guapa, también dentro del mismo municipio- siempre ha sido una aficionada al deporte y sobre todo al cros.

 

Casada y con dos hijos, le encantan los perros -tiene dos- y pasear con ellos por el bosque. Lo tiene cerca, a solo un par de minutos de casa. Es muy familiar pero también se reserva sus momentos para estar sola y trabajar el autoconocimiento. Escribe relatos cortos y a menudo también poesía, la cual ilustra. Quizás algún día la veréis con su estuche de colores y la libreta. Cuando puede, también viaja en familia y uno de los últimos destinos escogidos ha sido el País Vasco.

 

De pequeña ya conocía el proyecto social de La Fageda porque su tío fue uno de los primeros vigilantes de la finca y a menudo lo venía a visitar. Este fue uno de los motivos que provocaron que se interesara, de adolescente, por el mundo de las personas con discapacidad intelectual. Estudió pedagogía terapéutica -actualmente reconvertida en psicopedagogía- y cuando terminó recibió una oferta de monitora de ocio y después otra para sustituir  la plaza de un monitor del Servicio de Terapia Ocupacional. Parecía que sería cuestión de meses, pero aquí sigue, más de 25 años después, como responsable de los servicios de atención diurna.

 

Si nos acompañáis, os invitamos a conocer un poco mejor a la Dolors Falgarona Coll, de 49 años.

 

Ahora trabajas y vives en el municipio de Santa Pau. Toda una vida ligada al pueblo.

De pequeña ya vivía en el casco viejo, al lado del castillo. Mi padre es de Argelaguer y mi madre de Santa Pau. De pequeña fui a la escuela del pueblo, con muy pocos niños, una escuela rural. Con las amigas jugábamos a baloncesto por las tardes y también me empecé a aficionar al cros. Guardo muy buenos recuerdos de mi infancia en Santa Pau.

 

El cambio hacia la gran ciudad para ir a estudiar debió ser una gran aventura.

¡Imagina! Salir del pueblo fue un cambio muy brusco. Estudié en Barcelona. Vivía con unos amigos de la Garrotxa y teníamos una compañera de Erasmus. La verdad es que me gustó bastante el bullicio de la capital.

 

Pero no tanto como para quedarte allí después de terminar la carrera.

No. Me atrae demasiado esta comarca y sobre todo Santa Pau. Y enseguida ya recibí la oferta para trabajar en la Cooperativa.

 

¿Dudaste mucho a la hora de escoger tu camino profesional?

Me gusta mucho la prehistoria y la historia y dudaba entre arqueología y entrar en el ramo de la educación. Empecé estudiando pedagogía terapéutica en la Universidad Autónoma de Barcelona y con todas las optativas relacionadas con historia. A medida que fui avanzando me fui decantando hacia la educación y la atención a las personas con discapacidad intelectual. Hice unas prácticas en la escuela de educación especial Joan XXIII y vi que aquél era mi camino.

 

Y hacia La Fageda.

Si, fue mi primer trabajo importante después de la universidad. Y el único, no he conocido otros. De pequeña ya conocía el proyecto porque tenía aquí a mi tío trabajando. Fue el primer cuidador de la finca. Nos llevamos diez años y para mi era como mi hermano mayor. Lo venía a visitar a él y a sus perros, e íbamos a pasear. Cuando me contrataron él ya trabajaba en otro lugar.

 

¿En qué sección estabas?

Entré como monitora de ocio, para las actividades del mediodía. Antes el funcionamiento era muy diferente. También participaba en el servicio de transporte por la mañana y por la tarde. Esto debía ser el año 1992 – 1993. Después, en octubre del 1994, me ofrecieron cubrir una baja en el Servicio de Terapia Ocupacional. Iban a ser unos meses pero me fueron renovando hasta hacerme fija.

 

¿Buenos recuerdos?

Si, fue una etapa muy bonita. Además yo era prácticamente una adolescente, tenía 23 años. Éramos como una gran familia. Hacíamos todo lo que era necesario, ayudando a otros departamentos. Íbamos a cargar los camiones, preparábamos el material para ir a las ferias a promocionar el yogur… Recuerdo que antes de entrar en Ocupacional  trabajé de monitora en packs, en un edificio que  llamábamos Siberia, en el barrio de San Roque de Olot. Los viernes solíamos ir a comer todos juntos, celebrábamos los cumpleaños de los compañeros… Era mágico.

 

Y de monitora a coordinadora del servicio.

El año 2000 me propusieron entrar en la dirección técnica del equipo de Ocupacional. Empecé a trabajar con la cofundadora de La Fageda, la psicóloga Carme Jordà. También fui a partir de entonces la responsable de los servicios de vivienda de La Fageda. En el año 2007, en el marco de un proceso interno de especialización y profesionalización, mi compañera Olga me sustituyó como coordinadora de vivienda y yo me quedé  en la  área de atención diurna.

 

¿Cómo describirías tu labor actual?

Coordino y me ocupo que el servicio funcione. Mi misión es que las personas estén bien atendidas, con sus necesidades cubiertas, y que se sientan realizadas haciendo actividades con sentido. Queremos que se sientan útiles y  bien cuidadas. Nos ocupamos de todo, de su alimentación, de su higiene, salud, bienestar emocional… Es una tarea transversal. También coordino el equipo de monitores.

 

Cada día debe ser bien diferente.

Si, hay una rutina estructural pero no es nada monótono. Nunca me he aburrido. Empezamos a trabajar a las 9 con una pequeña reunión operativa para coordinar el equipo y decidir las tareas que haremos. Luego cuando los equipos se ponen manos a la obra yo aprovecho para iniciar mis tareas más administrativas, recibir visitas, entrevistar a los usuarios para poner al día su programa individual y hacerles el seguimiento… Voy paseando por la tienda y el invernadero, y también por el obrador de las mermeladas para hacer la supervisión y gestionar posibles incidencias. A menudo me reúno con la trabajadora social, la Tània, y con la responsable de viviendas, Olga.

 

Ya que haces referencia a la tienda y el invernadero, ¿nos podrías contar los cambios y mejoras del Servicio Ocupacional en el último año?

Hemos cambiado la estructura del servicio en su esencia. Ha sido y sigue siendo un reto, poco a poco lo vamos logrando. Se nos propuso la puesta en funcionamiento de un invernadero y de una tienda para vender sus frutos, en este caso verdura y legumbres, y también asumir el etiquetado de las mermeladas. Por todo ello hemos entrado en una nueva dimensión y estamos descubriendo nuevas capacidades en las personas. Pero no solo se han iniciado nuevas actividades, también ha habido un cambio en el enfoque. No queremos centrarnos tanto en el diagnóstico sino en la persona. El Servicio de Terapia Ocupacional tiene que ofrecer una mirada más transversal. En este sentido los talleres de estimulación cognitiva, de logopedia, de deporte o de salud, entre otros, no solo estarán planteados para usuarios del servicio sino para otras personas que están en el Centro Especial de Trabajo.

 

¿Qué beneficios pueden aportar las nuevas actividades a las personas?

Se sienten muy útiles. Hacen tareas y saben que son imprescindibles, que sin ellos no pueden realizarse. Hay una mejora clara en su autoestima. Hay días de todo, pero poco a poco se van acostumbrando al ritmo del taller. En el caso de los invernaderos, les gusta mucho trabajar en contacto con la naturaleza.

 

¿Cuántos usuarios tiene el servicio?

En atención diurna atendemos a 72 personas. Y de profesionales somos seis monitores, una trabajadora social, yo como responsable y la persona que realiza las funciones de gerente de todo el área.

 

¿Cómo has vivido la evolución de La Fageda en estos 25 años de servicio al proyecto?

Siempre digo que he crecido en La Fageda. Cada día aprendo cosas nuevas. Seguramente si hubiera dejado de hacerlo ya no estaría aquí. Además la dinámica del trabajo es muy variada y nada monótona. Si que es verdad que no tiene nada que ver La Fageda de ahora con la que había cuando empecé. Pero yo no pienso que los tiempos anteriores fueran mejores. Siempre me he sentido a gusto aquí, ahora también. He tenido la suerte de trabajar con grandes personas y de aprender mucho de todas ellas. No las puedo nombrar a todas pero por ejemplo me he enriquecido mucho al lado de la Carme Jordà, para mi ha sido una maestra. También con Cristóbal Colón. Y Enrique Núñez ha sido una persona que siempre me ha ayudado y tener una gran amigo en el trabajo siempre está muy bien.

 

¿Algún otro departamento atrae tu atención?

El Servicio de Atención al Visitante. Me gustan mucho las personas y allí estáis en contacto con los visitantes. Y se puede explicar con orgullo nuestro proyecto social. Sería un sitio en el que también podría trabajar. Tengo mucha curiosidad por los departamentos que no conozco. Ahora los hay de nuevos, como el de compras. A veces, cuando veo alguien que trabaja en él, lo interrogo para que me explique cómo funciona. Se tratan temas de producto y producción, muy alejados de lo que hacemos nosotros. Pero es importante que conozcamos La Fageda en su conjunto.

 

De todos nuestros productos, ¿con cuál te quedas?

Hace años que soy vegana y no como apenas yogures. Quizás mi preferida había sido la crema de chocolate. Tampoco soy muy de dulces, pero la mermelada de naranja amarga me encantaba. Estoy intentando convencer a María Güell [responsable de mermeladas] para que la vuelvan a comercializar.

 

Ya dejando a un lado la parte laboral, sé que te gusta el cros. ¿Sigues compitiendo?

No, soy muy competitiva y me lesionaba mucho. Sigo con ello pero con más calma. También me gustan actividades más tranquilas. Leo novela histórica, fantástica, literatura japonesa, y soy una devoradora de novela negra. Me apasiona la naturaleza, dar paseos sola por el bosque o con mis perros… Conectar conmigo misma aprovechando este entorno natural tan especial que tenemos en La Garrotxa.

 

La fageda d’en Jordà debe ser uno de estos espacios de conexión con la naturaleza.

Si, me gusta todo el año. Sobre todo en invierno. En otoño no tanto, hay demasiada gente… También me encanta la zona de las ermitas del Corb, los alrededores de los volcanes Croscat y Santa Margarida, y la Sierra de Finestres. Fuera de la Garrotxa, también soy muy de mar. Cap de Creus, Cadaqués, Garbet…

 

Una persona muy activa. También sé que te gusta escribir. De hecho he leído alguno de tus relatos y poesías.

No me gusta nada quedarme en casa si puedo hacer alguna actividad. Me gusta escribir. Antes tenía un blog, ahora está más abandonado. Me he pasado a los relatos cortos. También a la poesía, y la ilustro. El dibujo es otra de mis pasiones.

 

Todo lo vivido en La Fageda no es precisamente un relato corto. Y que siga por mucho tiempo más. Feliz verano.

 

Víctor de Paz, periodista y guía de La Fageda

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