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El despertar de la fageda d’en Jordà


18 abril, 2018

En Catalunya existen diferentes tipos de bosque como los encinares, pinares, robledales, hayedos… Algunos muestran una aparente pasividad a lo largo del año y de los diferentes cambios estacionales y otros nos ofrecen una variabilidad de paisajes y de colores que nos permiten poder disfrutar de una experiencia visual bien diferente según la época del año en que los visitamos. Este último caso es el de los bosques de hoja caduca dentro de los cuales encontramos nuestra entrañable fageda d’en Jordà.

 

Primeras hojas de haya en La Fageda d’en Jordà. Foto: Enrique Núñez.

 

Uno de los principales atractivos de los hayedos es la transformación de sus árboles, la haya (Fagus sylvatica), y su ritmo biológico. Y durante estos días se está produciendo uno de sus cambios más espectaculares. Después de la expulsión de las hojas del árbol durante el otoño con la desaparición de la fotosíntesis y de su parón el invierno, las hayas se empiezan a despertar, desplegando sus primeras hojas, verdes y tiernas.

 

La anémone de los bosques, a mediados de abril

La hepática. Foto: Enrique Núñez

 

 

Los síntomas de este despertar se empezaron a notar en la fageda ya a finales del mes de marzo cuando, ante el aumento de la temperatura ambiental apareció entre las hojas caídas una estampa de pequeñas plantas como la anémone de los bosques (Anemone nemorosa), la hepática (Hepatica nobilis) y la violeta común (Viola odorata). Estas especies, protagonistas del hábitat forestal y anunciadoras de la primavera, ofrecen juntamente con sus delicadas flores un nuevo abanico de colores entre los cuales encontramos el azul, lila, rosa y blanco. También nacen otras flores de un color mucho más discreto como las del eléboro verde (Helleborus viridis), verdes y, como el resto de la planta, tóxicas. La floración se avanza a la salida de las hojas de la haya para aprovechar que la luz solar les llega con suficiente fuerza a la superficie.

 

Floración del eléboro verde

 

Durante el mes de abril y entre las abundantes lluvias las yemas de la haya se han ido rehidratando (durante el invierno el árbol las deshidrata para evitar que el agua se hiele en su interior y pueda destruir los tejidos). Al mismo tiempo han empezado a brotar los ejemplares juveniles aprovechando, igual que en el caso de la anémone y de la hepática, que la ausencia de hojas en los grandes árboles permite la penetración de rayos de sol hasta el suelo. Y durante estos días desde dentro de las yemas de las hayas ya se van desplegando unas hojas casi transparentes, rodeadas de unos finos pelos en los costados (que acabaran desapareciendo), de un color muy claro y que poco a poco y a medida que se vaya acercando el verano irán oscureciendo. Llegaran así a aquel verde intenso del que habla el famoso poema de Joan Maragall sobre la Fageda d’en Jordà del cual hemos querido reproducir un pequeño fragmento.

 

 

‘Saps on és la fageda d’en Jordà?
Si vas pels volts d’Olot, amunt del pla,
trobaràs un indret verd i profund
com mai cap més n’hagis trobat al món:
un verd com d’aigua endins, profund i clar;
el verd de la fageda d’en Jordà.’

 

Ejemplar juvenil en crecimiento

 

Mientras brotan las hojas van quedando bien planas, alcanzando una posición casi horizontal para interceptar al máximo la radiación solar, reaparece también la fotosíntesis y se produce la floración. El árbol tiene que asegurarse que hace brotar sus hojas cuando ya hayan desaparecido las heladas. En caso contrario la hoja acabada de nacer quedaría totalmente inservible. Las flores son bastante discretas y están separadas y en un mismo ejemplar. Las masculinas se agrupan en unas quince flores; las femeninas lo hacen en parejas.

 

Detalle de la yema brotando

 

Con el nacimiento de las flores tendrá lugar la polinización anemófila, aprovechando las corrientes de aire y el viento. Este tipo de polinización se produce normalmente en especies que viven en lugares fríos y por lo tanto con pocos insectos y que tienen flores poco vistosas. El proceso acabará con la maduración del fruto, la haya, que se explicará en la próxima entrega de la vida de la haya.

 

 

Yemas de haya desplegando las hojas esta misma semana

 

La haya es el árbol predominante dentro de la fageda d’en Jordà pero no el único. Convive con el roble carballo (Quercus robur), también caducifolio y que, igualmente, se encuentra en proceso de floración y aparición de las hojas. Antiguamente era muy abundante en el valle de Olot y formaba extensos bosques en la zona ahora ocupada por la ciudad y los espacios abiertos dedicados a la agricultura y la ganadería.

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