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Desmintiendo un falso mito: los lácteos son poco saludables y cuando somos adultos debemos dejar de tomarlos


19 septiembre, 2018

¿Qué nos dice la ciencia sobre las propiedades nutricionales y saludables de los lácteos? Hoy queremos abordar esta cuestión porqué demasiado a menudo en relación a este tema  se difunden mensajes sin ningún soporte científico.

 

Internet y las redes sociales se han convertido en una gran fuente de información en materia de salud. Ello nos permite acceder de forma inmediata a los contenidos que buscamos, sin embargo, no siempre es fácil contrastar los datos y asegurarnos que la información recibida es la correcta.

 

Un mito alimentario habitual es el que tiene que ver sobre si es o no es saludable consumir  lácteos como en nuestra alimentación cotidiana.

 

La respuesta es la siguiente: si no hay un motivo de peso (un diagnóstico con intolerancia a la lactosa o alergia a la proteína de la leche de vaca, por ejemplo), una persona puede incluir los lácteos como parte de su alimentación diaria.

 

Tomamos nota de lo que nos dice la ciencia sobre las propiedades nutricionales y saludables de los lácteos:

 

1 – La leche y los productos lácteos son la principal fuente de calcio de nuestra alimentación. El contenido de calcio de la leche oscila entre los 1200-1600 miligramos por litro. Este dato no varía en las leches desnatadas o semidesnatadas. Además, los lácteos contienen otros nutrientes esenciales como la vitamina D, la lactosa y la grasa que favorecen la absorción del calcio.

 

La ingesta recomendada diaria de lácteos para una persona adulta es de 2 a 3 raciones diarias. Una ración equivale a 1 vaso de leche (200 ml), 2 yogures de 125 gramos, 40-60 gramos de queso semicurado, 80-100 gramos de queso fresco o 1 vaso de bebida vegetal enriquecida. Si a una persona le resulta difícil consumir las 3 raciones de productos lácteos, puede optar por los alimentos funcionales enriquecidos con calcio y vitamina D – como la leche o los yogures – que aportan una mayor dosis de estos nutrientes.

 

2 – Aunque más allá de los lácteos contamos con otros alimentos con un buen contenido en calcio (higos secos, almendras, verduras de hoja verde, pescado y bebidas vegetales, entre otros), el calcio añadido que contienen no se asimila igual que el de los lácteos.

 

Para poder sustituir el calcio de un vaso de leche, deberíamos consumir 250 gramos de sardinas, 200 gramos en crudo de garbanzos o bien 500 gramos de espinacas. Estas cantidades son difíciles de cubrir diariamente, por ello es complicado de entrada, cubrir las recomendaciones de calcio si excluimos los lácteos de nuestra alimentación.

 

3. Existe la creencia de que tenemos que dejar de tomar leche de vaca bajo el argumento de que no es saludable. Hasta la fecha no hay ningún estudio científico que recomiende dejar de tomar leche de vaca (y sus derivados, como el queso y el yogur) con el argumento de que  conlleva un mayor riesgo de enfermedades.

 

Posiblemente en alguna ocasión hemos leído o escuchado que la leche de vaca es indigesta. Esto es debido a que a menudo, se confunde la alergia a la leche con la intolerancia a la lactosa. La alergia se produce a la proteína de la leche (caseína) y es habitual que se diagnostique durante la infancia. En cambio, cuando una persona adulta tiene molestias digestivas cuando toma leche, es muy posible que se deba a una intolerancia a la lactosa. En este caso, no es necesario que renuncie a todos los productos lácteos. El yogur y el queso contienen una cantidad muy baja de lactosa y se suelen tolerar bien.

 

4. Más allá de incluir lácteos en nuestra alimentación para tener  unos huesos fuertes y gozar de un buen estado de salud, es necesario también que prestemos atención a otros factores que de manera indirecta pueden descalcificar nuestro organismo.

 

Es importante que nuestra alimentación incluya más calcio que fósforo. Esto se consigue no abusando de la ingesta de alimentos proteicos (como la carne) y de los fosfatos presentes en algunos aditivos alimentarios (como las bebidas azucaradas con gas de tipo cola). Además, el sedentarismo, un exceso de sal, el alcohol y el tabaquismo afectan de manera negativa a la absorción de calcio.

 

La leche y sus derivados son la principal fuente de calcio que podemos incorporar a nuestra alimentación. En un patrón alimentario saludable que priorice los alimentos de origen vegetal pocos procesados ​​hacia los productos de origen animal, la leche y los lácteos son un grupo de alimentos con un elevado valor nutritivo y saludables.

 

Recordemos pues, que a pesar de los mitos que puedan circular en Internet sobre su consumo, los podemos seguir tomando siempre y cuando un diagnóstico médico no determine que padecemos alergia a la caseína de la leche o intolerancia a la lactosa.

 

Andreu Prados. Farmacéutico y nutricionista especializado en comunicación científico-médica.

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