Blog

Crónica de un periodista de La Fageda que estos días, si es necesario, trabaja de granjero o en la fábrica


26 marzo, 2020

coronavirus

 

 

Son las nueve de la mañana de un día entre semana. La jornada en La Fageda ya hace un par de horas que ha empezado para algunos compañeros. Aparco el vehículo y me dirijo al Servicio de Atención al Visitante (SAV), mi espacio de trabajo habitual. Si fuera un día ordinario, seguramente ya habría o estaría a punto de llegar algún autobús aparcado en el espacio para escuelas y me rodearía un griterío de alumnos que juegan o conversan, en función de la edad, esperando para empezar la visita guiada. Pero, todo lo contrario, se respira silencio. Y en lugar de autobuses, el espacio lo ocupan coches del personal interno. No esperamos a nadie.

 

Dentro del SAV tampoco se respira el ambiente habitual. La tienda, espacio social donde los trabajadores aprovechamos para comentar la jugada y hacer un pequeño descanso con el café en la mano, también está casi vacía. En la puerta, un cartel avisa que como máximo se pueden reunir cinco personas en su interior. Pero hoy se pueden contar con los dedos de una mano y aún sobran.

 

El martes 10 de marzo, unos días antes de que el Gobierno decretara el estado de alarma y se cerrasen casi todos los establecimientos, nosotros decidimos dar el paso y, por precaución, anular todas las visitas de los quince días posteriores, tanto las escolares como las particulares. Durante unos días estuvimos llamando a todas las personas afectadas para comunicar esta decisión. Hay quien no lo entendió y nos decía que le alterábamos los planes de su fin de semana, pero la mayoría creyó que era lo más oportuno. ¡Cómo ha cambiado la situación desde entonces en tan solo unos días!

 

El equipo de guías y embajadores de La Fageda no tenemos, de momento, a quién explicar el proyecto y la producción del yogur y el resto de productos. Pero no nos podemos quedar en casa. Hay otros departamentos que nos necesitan para sustituir a las personas vulnerables que estos días sí se quedan en casa. Si hemos de echar una mano en la fábrica lo haremos, y si es necesario un refuerzo en la granja, también.

 

A mí me toca ir a la granja. De camino, paso por el mas El Casals, sede del Servicio de Terapia Ocupacional (STO). Está vacío. Como si estuviéramos en el mes de agosto, o en las vacaciones de Navidad, periodos de inactividad del servicio. Pero es marzo y todo se hace un poco raro. Se echa de menos su compañía. Las personas usuarias de STO se han quedado en las residencias que la Fageda tiene en Olot, donde reciben atención 24 h de la mano de nuestros educadores y educadoras sociales, una figura que siempre, pero mucho más estos días, es de vital importancia. También el club social, el servicio prelaboral y el servicio de ocupación e inserción se han cancelado temporalmente.

 

En la granja hay una aparente normalidad. Las vacas siguen haciendo camino, como si nada sucediera. Imprescindible seguirlas cuidando y alimentando cada día. Cuando llego, los compañeros granjeros las están abriendo para que salgan a pastar, libres. Quizás es para ellas uno de los mejores momentos del día, parece que salen corriendo y algunas saltando. Deben tener ganas de probar, exigentes como son, los pastos y las hierbas de prado más frescas. El equipo de granja también es más reducido de lo habitual y espero ser útil y poder ayudar. Mi primer trabajo es limpiar y arreglar la cama de las vacas para que por la tarde, cuando vuelvan del campo, se la encuentren confortable. Mientras muevo la paja con la horquilla pienso que seguro que todo esto me será muy útil para las visitas. Siempre es mejor explicarlo cuando lo has experimentado.

 

granja fageda coronavirus

 

 

Son las dos y es hora de comer. Antes he de pasar por la fábrica. Desde las ventanas exteriores veo al resto del personal del SAV. Nos saludamos, con aquella cara de cuando ves a alguien en una situación extraña, diferente de lo habitual. Los ojos nos delatan una sonrisa cómplice que queda tapada por la mascarilla.

 

Haciendo piña y remando todos en la misma dirección

 

En fábrica la situación también es muy diferente. Compañeros de otras secciones, que han cancelado sus servicios ordinarios, están produciendo yogures para sustituir a las personas que están en su casa. Las escuelas, los hoteles y los restaurantes han cerrado y nos hemos tenido que adaptar de golpe a la nueva situación. Lógicamente no se producirán tantos yogures como el mismo día del año pasado, pero las tiendas y los supermercados necesitan rellenar unas estanterías que se vacían más de prisa que nunca. Hay trabajo. A parte del equipo de jardinería, puedo ver cómo compañeros de otros departamentos también están aquí dando apoyo, a la hora y el día que sea necesario, haciendo equipo y remando todos en la misma dirección. A su lado, también el equipo de producción de mermeladas sigue con las cazuelas en el fuego.

 

Ahora sí que vamos a comer. Hay hambre y necesitamos un descanso. En el comedor, las medidas de seguridad también son muy estrictas. En la mesa donde habitualmente nos podemos sentar seis personas ahora, como máximo, lo hacemos dos y con una separación mínima de dos metros de distancia. Uno en cada punta de la mesa. Las conversaciones, por lo tanto, se mantienen a distancia. Después de pasar por una desinfección de manos, la enésima del día, el equipo de cocina nos sirve, con una sonrisa. Se agradece. Hoy hay escalibada, espaguetis y tortilla de patatas. Buenísimo. El postre es evidente.

 

Nos miramos. Las bromas son más necesarias que nunca para seguir con buen ánimo.

 

Después de hacer el café son ya las tres de la tarde y toca volver a trabajar. Subo a las oficinas a seguir con mi labor, esta vez en el departamento de comunicación. La mayoría de personas de administración realizan su trabajo de forma telemática así que la sala está muy vacía. Les saludo, respetando siempre la distancia. Tendremos tiempo de recuperar los abrazos perdidos.

 

Y escribo este artículo, plenamente consciente que vivimos un momento excepcional. Y también que somos una piña invencible.

 

 

exterior sav coronavirus

Exterior del Servicio de Atención al Visitante (SAV), sin el habitual grupo de escolares que, en condiciones normales, hubieran venido entre setmana a conocer nuestro proyecto.

 

 

sto coronavirus

Interior del Servicio de Terapia Ocupacional (STO), sin los compañeros y compañeras que habitualmente pasan allí parte del día.

 

 

fàbrica fageda coronavirus

La fábrica continúa en funcionamiento.

 

 

 

 

Víctor de Paz
Periodista y guía de La Fageda

Actualidad  flecha_azul

Estrenamos una planta piloto para experimentar con nuevos yogures y postres

 

20-10-2020

 

Crear nuevos productos, o transformar los actuales,
en un espacio específicamente pensado para ensayar
y hacer realidad las ideas que tenemos en mente.
Es la misión de la nueva planta piloto de La Fageda.

 

 
Saber más

Todo lo que debéis saber sobre las visitas en La Fageda este otoño

 

14-10-2020

 

Mariona Martí, responsable del Servicio
de Atención al Visitante, explica en este vídeo
cómo nos hemos organizado en La Fageda para
recibir a los visitantes en nuestra finca este otoño.

 

 
Ir al apartado de visitas

¡Entrevistamos al Michael Jackson de La Fageda!

 

14-10-2020

 

Nos sorprendió a todos disfrazado del ‘rey del pop‘
durante la última asamblea virtual confinada, y hemos
querido conversar un rato con él. Samasa Mamadou, más
conocido por todos como Sam, trabaja en la fábrica de lácteos.

 

sam

 
Seguir leyendo