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Descubrimos el servicio de La Fageda que alimenta estómagos y almas


7 marzo, 2019

Hay espacios que van más allá del lugar físico que ocupan o del trabajo que se realiza en ellos. La cocina-comedor de La Fageda es un ejemplo. Cada día se cuecen más de 120 comidas, pero también decenas de conversaciones, idas y venidas y todo tipo de emociones. Allí, todo el mundo va a hacer más o menos lo mismo: alimentarse, compartir un rato de descanso o ambas cosas. En la cocina, y en el comedor que la acompaña, las diferencias se diluyen.

 

Cuando sale el sol

 

Faltan pocos minutos para las ocho de la mañana de un viernes de febrero y Neus Rabionet ya ha visto salir el sol por los ventanales que miran hacia la granja y los campos de pasto.

 

Mientras el día se levantaba, ha preparado los cafés y los bocadillos que pronto comerán los trabajadores más madrugadores: granjeros que han hecho el primer ordeño, compañeros de limpieza y operarios de fábrica y mantenimiento. Uno de ellos la viene a saludar. Ella le recuerda que tiene guardados unos restos de comida para sus perros.

Hace ya siete años que Neus es la jefa de cocina de La Fageda. Llegó procedente de un reputado restaurante y con la responsabilidad de relevar a Consol, a quien algunos, como Enrique Núñez, que lleva 30 años en la casa, llamaban “mamá”. Toda una pista para intuir que el trabajo supondría algo más que preparar comidas.

 

“Al principio me sorprendió mucho. Trabajaba sin estrés, pero no paraba. Era menos productiva, pero ofrecía un servicio a los compañeros y a todo aquel que lo necesitara”, explica.

 

Patatas peladas a mano

 

Neus saca adelante la cocina junto a cuatro personas que forman parte del Centro Especial de Empleo (CEE) de La Fageda: Hakim, Anna, Montse y Salvador.

 

Cada uno se ocupa de tareas que puede hacer muy bien. Anna prepara la ensalada y procura que en el almacén y las neveras no falte de nada; Hakim suele dedicarse a la limpieza, el orden y los postres; Salvador sabe de todo y le gusta variar, y Montse está lista para hacer lo que le encomienden, como pelar patatas a mano: cuando las fríen, triunfan casi tanto como los espaguetis, el plato que más gusta a todo el mundo.

 

Esther, Montse, Neus, Anna, Salvador y Hakim en los jardines de La Fageda

 

Muchas de las tareas de la cocina-comedor de La Fageda son más manuales que las de una cocina convencional. Así es como se pueden encontrar cómodas y tranquilas personas como Anna, Salvador, Hakim y Montse.

 

Cuando el reloj marca las ocho y media, los cuatro están a punto para empezar el trabajo. Tienen bastante tiempo antes de que vengan los primeros comensales, pero enseguida el ambiente en la cocina se va animando, coincidiendo con la llegada de la mayoría de trabajadores y de las personas que reciben apoyo en el Servicio de Terapia Ocupacional (STO).

 

“Por la cocina siempre pasa gente. Quien esté nervioso vendrá a buscar una tila y quien necesite un abrazo o alguien que le escuche también nos encontrará”, dice Neus.

 

A las nueve y media llega Esther Planella, que es monitora y está pendiente de cualquier necesidad que tengan las personas que trabajan en el CEE.

 

Esther recuerda una de las tareas que tenía cuando empezó a trabajar en La Fageda: “Era una de las monitoras de las actividades de ocio que se organizaban a la hora de comer”. Y también nos explica cómo es ahora su día a día: “Soy monitora en la cocina-comedora y en el transporte de algunos compañeros por la mañana y a última hora de la tarde“.

 

Y es por la tarde que otra compañera del equipo de cocina, Hanna, les da apoyo en tareas de limpieza o en lo que haga falta cuando se acerca la hora de terminar.

 

Además, en la cocina-comedor se suma el trabajo que aportan personas atendidas en STO. Es el caso de Tura, quien apunta cada día en una pizarra qué menú se está preparando. O de Pepe, que recorre La Fageda para concretar cuánta gente tiene previsto ir a comer. O de Marta, que un día a la semana lleva a cabo tareas de limpieza. “Somos una pequeña gran familia“, resume Esther.

Huevos en el suelo

 

Con el paso de los años, Esther y Neus se han complementado muy bien y pueden intercambiarse los roles cuando es necesario. De hecho, es Esther quien cierra las puertas de la cocina cuando todo está limpio y el sol se va poniendo.

 

La Neus i l'Esther

Neus y Esther, preparando tartas de San Juan.

 

 

No les faltan anécdotas, como el día en que Neus dejó caer un huevo en el suelo para demostrar que le puede ocurrir a cualquiera después de que una compañera se agobiara por este motivo. “Tenemos que conseguir que estas personas se sientan útiles, importantes, y sepan que somos un equipo”, resume.

 

Pero regresemos a la hora de comer. A las doce y cuarto llegarán la veintena de jubilados de La Fageda. A la una, la cuarentena de personas atendidas en STO. Media hora después, los compañeros de mermeladas y de fábrica, y más tarde el resto de profesionales. También estará la opción de llevarse la comida en un tupper.

Imagen de la cocina-comedor durante la comida de la pasada Navidad.

 

Lugar para la creatividad

 

Neus y sus compañeros también tienen otros retos. Por ejemplo, preparar y servir las comidas que La Fageda organiza en el mismo comedor con representantes de otras empresas o entidades. En estas ocasiones, no pierden la oportunidad de ofrecer degustaciones que incluyan las mermeladas o lácteos de la casa.

 

Y es que, después de haber pasado años preparando banquetes en un restaurante con estrella Michelin, a Neus le gusta dar rienda suelta a su creatividad: “Necesito y me gusta inventar”, reconoce. También lo hace cuando presenta recetas en el blog o en show cookings de La Fageda, como el que se celebró a finales del año pasado en el Palau de la Música.

 

La Neus mostra algunes de les seves creacions que inclouen productes de La FagedaNeus muestra algunas de les sus creaciones que incluyen productos de La Fageda.

 

Hablar, pues, de la cocina-comedor de La Fageda es bastante más que referirse a un servicio donde se prepara comida. “Es un espacio compartido donde aparece más la persona y no tanto el trabajador”, dice Carme Jordà, cofundadora del proyecto.

 

“Es un núcleo. Aquí se cuece todo. Y tienes contacto con las personas en el momento en el que no trabajan, así que el vínculo que puedes establecer con ellas es muy diferente”, resalta Esther. “A mí, me ha cambiado la vida”, concluye Neus.

 

Roser Reyner – Periodista y guía de La Fageda

 

 

 

 

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