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El abuelo de La Fageda cumple 15 años


16 abril, 2019

“A mí me llaman Papa Noel, pero me fastidia, porque Papa Noel es consumista. Rey blanco, abuelo de Heidi, Moisés o druida … eso sí “.

O, también, abuelo de La Fageda.

 

Una larga barba blanca y un uniforme verde fluorescente hacen inconfundible a Lluís Argemí. “El afeitado es antinatural”, asegura.

Si lo buscas, ten en cuenta que no tiene móvil. Con sus amistades se comunica por correo postal: cada semana escribe varias cartas, con tinta y pluma. Es consciente de que vivir sin WhatsApp limita sus relaciones. Y le satisface. “Tengo pocos amigos y con ellos me puedo abrir y vaciar. Pero la masa humana me agobia. Veo muchas incongruencias en la gente. El consumismo y el egoísmo me sobran”, dice.

 

Así pues, si lo buscas, date una vuelta por la finca, cuando el sol no pique demasiado, y lo encontrarás acariciando las plantas y la tierra. “Soy como las hormigas: no me veréis correr, pero tampoco me veréis nunca sentado”.

Si es fin de semana y no hace demasiado frío, lo encontrarás dentro del mar, contemplando como sale el sol.

 

Así es Lluís. La naturaleza es omnipresente en sus acciones y en sus palabras. Su madre, “que era muy de campo”, tuvo mucho que ver en ello. “Lo que más admiro son las plantas, porque son las más indefensas. Pero también son hipersensibles: saben dónde está el cielo y dónde está la tierra; en verano, tienen calor y se deshojan para compensar la deshidratación; fabrican taninos para protegerse del frío. Y las semillas… caen al suelo, quedan inertes y germinan justo cuando la temperatura y la humedad son óptimas. Yo soy una mierda, a su lado”, cuenta emocionado.

El sábado 20 de abril hará 15 años que Lluís puso los pies en La Fageda. Fue después de que un ictus le cambiara la vida. Recuerda que, hasta entonces, nunca había probado los yogures. Ahora es fiel a los desnatados de limón. También recuerda que, aquel primer día de trabajo, en la cocina había revuelo porque se había incendiado la freidora.

 

Enseguida, el abuelo de La Fageda pasó a formar parte de la sección de lácteos de nuestro Centro Especial de Empleo. También, al ser un sabio de la jardinería, cuida la finca y orienta a los compañeros del Servicio de Terapia Ocupacional que arreglan las zonas verdes o cultivan las verduras del nuevo economato. “Se trata de tener el paisaje y el entorno bonito”, explica.

Últimamente, a primera hora de la mañana, lo vemos remover la tierra de las jardineras que hay delante del Servicio de Atención al Visitante. “Le añado estiércol de nuestras vacas, porque pronto plantaremos tomates, puerros, calabacines, calabazas, judías verdes, lechugas, espárragos, pepinos … y quizás cebolla y pimiento.

 

Las jardineras son, sobre todo, “un escaparate ideal para las personas que nos visitan, un motivo para que se sientan a gusto en nuestra finca y conozcan el mundo natural”, en palabras de Lluís. Desde hace pocos días las jardineras lucen un nuevo cartel que le rinde homenaje. Se puede leer: ‘El Huerto del Abuelo’. Está contento, aunque le gustaría añadir: ‘Por favor, no toquen las plantas’.

En 15 años, Lluís ha visto cambiar mucho la finca y el proyecto social. Está seguro de que el número de visitantes al menos se ha doblado y recuerda que, entonces, cada día salía un tráiler de la fábrica, mientras que ahora son tres. También siente cierta nostalgia, porque a pesar de que La Fageda “tiene una buena base, que es la humana, aquellos primeros años eran como un encuentro entre amigos: éramos la mitad de personas y, en las asambleas de la cooperativa, entre todos lo hacíamos todo”. “Pero los tiempos evolucionan. Si no hubiéramos evolucionado, quizás habríamos tenido que dejarlo”, añade.

 

Eso sí, durante todos estos años, el trabajo ha encajado con su manera de ser: “Aquí me siento querido, apreciado y, lo más importante para mí, realizado. El trabajo me mantiene en forma física, con el coco activo, es una terapia. Y voy a la mía. Dentro de un orden, soy autosuficiente. A lo largo de mi vida he pasado por disgustos y depresiones, pero aquí soy un hombre hiperfeliz e hiperrealitzado. ¡Y estoy cobrando! A veces pienso que, si tuviera dinero, tendría que pagar por estar aquí “.

Actualmente, Lluís suma 68 vueltas al sol, y no tiene previsto jubilarse hasta dentro de dos años.

 

En cualquier caso, cuando deje La Fageda no se aburrirá. Seguirá construyendo los pesebres en miniatura que tan bien le han ido para estimular el lado izquierdo de su cuerpo, que el ictus dañó: “Tengo unos pesebres a medias dentro de un hueso de manzana”, anuncia. Seguirá, también, escribiendo cuentos, una afición que comenzó cuando la soledad le dolía. “Y hay personas que me esperan porque quieren que les ayude a hacer trabajos del campo, así que estaré bien ocupado”, admite.

El 20 de abril Lluís estará de vacaciones, pero por pocos días, “porque las plantas no se van de vacaciones”. Y en La Fageda celebraremos que hace 15 años que tenemos abuelo.

 

Roser Reyner, periodista y guía de La Fageda

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